Columna de René Naranjo: "Juegos diabólicos y apocalípticos"

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¿Qué haríamos tú, yo y los demás millones de seres humanos si se acabara el mundo? Más de alguien quisiera arrancar hacia un búnker en Asia como en ‘2012’ o, como Will Smith, sobrevivir como sea al ataque descomunal de los zombis en ‘Soy leyen- da’, o a más de uno le gustaría, derechamente, instalarse en otro planeta, como ‘Avatar’. El cine estadounidense ha puesto en escena hace rato ya esta amenaza que parece de pronto demasiado cercana, y lo ha hecho casi siempre con tono estridente y apocalíp- tico. Ahora en ‘Buscando un amigo para el fin del mundo’ (Seeking a friend for the end of the world, 2012) la apuesta va en sentido contrario. Esta vez se trata de vivir el Apocalipsis del modo más cotidiano posible y en clave de comedia romántica.

En esta cinta, un potente asteroide bautizado Matilda viene raudo e imparable a chocar contra la Tierra. Quedan, por lo tanto, apenas tres semanas de vida para la humanidad. El argumento re- cuerda la gran película de Lars von Trier, ‘Melancolía’, pero en este primer largo de Lorene Scafaria estamos a años luz de ese nivel. Aquí el protagonista es el angustiado Dodge (Steven Carell), quien emprende una larga huida en compañía de su joven vecina inglesa Penny (Keira Knightley). Planteada como road-movie de a dos, la pareja encuentra en su el departamento donde vive un nervioso padre con sus dos hijos (una adolescente rebelde y un niño).

Como suele ocurrir en estas películas, la acción tiene lugar entre cuatro paredes, y los sucesos escalofriantes se suceden en dosis bien programadas por el director. No es que haya aquí originalidad, pues los recursos desplegados por Torrens han sido vistos en numerosas ocasiones; sin embargo, éstos se hallan ma- nejados con solidez y eficacia, en una puesta en escena controlada hasta lo más mínimo pese a su aparente sencillez.

Es así que ‘Donde habita el diablo’ crece en interés a medida que avanza y, junto con sacar algún salto, propone una saludable duda sobre la naturaleza de lo sobrenatural. ¿Existen realmente los espí- ritus o todo es proyección de nuestras ansiedades y miedos? Con sólo plantear tal inquietud, su existencia como cine está justificada.

camino desde vecinos que se entregan al placer para olvidar la cuenta regresiva de sus vidas, hasta solitarios que adelantan su fin contratando a un sicario. Con un toque de humor, son estos quizás los mejores momentos del relato. Después, cuando domina el reproche y cliché amoroso, la estantería se viene abajo.

Los dos protagonistas están desaprovechados. Carell no muestra aquí esa agudeza que forjó su fama de comediante y a Keira simplemente la película le queda chica. Como por suerte el mundo aún no se acaba, es de esperar que puedan reencontrarse en una ocasión más provechosa.

Mucho más terrorífica es la búsqueda de ‘Donde habita el diablo’ (Emergo, 2011), filme debut del catalán Carles Torrens, bien apoyado en el preciso guión del gallego Rodrigo Cortés, realizador de la celebrada ‘Buried’. Hemos elogiado más de una vez el aporte de los cineastas españo- les a la renovación del género del terror, y cómo han sacado el máximo partido al esquema del falso ‘estilo documental’, muy vívido y dinámico, cuyos puntos de vista se confunden muchas veces con las cámaras de seguridad, y que presenta la narración de forma fraccionada, muy subjetiva y aparentemente azarosa.

Todos esos aspectos fílmicos funcionan bien en esta película, para hacer fluir la historia de tres ‘cazafan- tasmas’ de última generación que llegan a tratar de entender qué diablos pasa en el departamento donde vive un nervioso padre con sus dos hijos (una adolescente rebelde y un niño).

Como suele ocurrir en estas películas, la acción tiene lugar entre cuatro paredes, y los sucesos escalofriantes se suceden en dosis bien programadas por el director. No es que haya aquí originalidad, pues los recursos desplegados por Torrens han sido vistos en numerosas ocasiones; sin embargo, éstos se hallan ma- nejados con solidez y eficacia, en una puesta en escena controlada hasta lo más mínimo pese a su aparente sencillez.

Es así que ‘Donde habita el diablo’ crece en interés a medida que avanza y, junto con sacar algún salto, propone una saludable duda sobre la naturaleza de lo sobrenatural. ¿Existen realmente los espíritus o todo es proyección de nuestras ansiedades y miedos? Con sólo plantear tal inquie- tud, su existencia como cine está justificada.

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