Columna Come y calla, por Felipe Espinosa: "Bien gallito"

Por
Opinión
Felipe Espinosa

Chef ejecutivo house
“Casa del vino”
Twitter: @psyfat

Mucho trámite bancario últimamente, más de lo que yo quisiese. Finalmente gasto mis días libres en operaciones mucho mas tediosas que las de mi cotidiano laboral. Notaría es una palabra tétrica para mí. Más que provocarme miedo, es la perra angustia de saber lo mal que lo voy a pasar, el tiempo que perderé esperando quién sabe qué, el despropósito de la gente en poner premura a temas que quizás sólo a ti te importen.
El centro de a poco pierde vendedores ambulantes y a paso firme se tapiza en franquicias no tradicionales. En cuanto algunos arquitectos tratan de preservar fachadas patrimoniales con torres escondidas, pero evidentes, hay locales que no se moverán y que a cada día que pasa se vuelven un poco más queribles. El Bar Nacional siempre me convoca en la trinidad banco, notaría, restaurant, como que el andar timbrando y firmando fuese la excusa perfecta para disfrutar de un buen caldo de gallo, o si el calor lo amerita, un frío borgoña o la navideña cola de mono.
Me encanta su barra, ese perímetro cuadrado de acero inoxidable que alberga brebajes y salsas. El servicio es atento y rápido, como se debe operar en el centro. No hay tiempo que perder y el cliente debe irse satisfecho.
No hay que dejar de probar la pichanga y como fritanga estelar tienen empanadas, para abrir el apetito; quizás una, para almorzar, dos o tres. Tienen de pino, de queso y mi favorita es la de pollo con merkén, sobre todo cuando está bien jugosa. Se ofrece crudo hasta en canapé, formato ideal para tapearse una cerveza exprés y seguir las diligencias.
En esta ocasión disponía de más tiempo, y  bajando la escalera nos sentamos en el salón de no fumadores. Ahí el bullicio del servicio se mimetiza con el bolero creando un ambiente envejecido. Se ven pasar prietas y costillares, ensaladas abundantes, pastas y bifes. El espectáculo es imparable a eso de las 14 horas.
Nuestra mesa pidió congrio a la plancha con papas. Bien el pescado, las porciones son generosas y los sabores bien definidos. Otro hit fue la escalopa nacional que rellena de jamón y queso se transformó en la fiel compañera de mi mujer durante el almuerzo, tan fiel que la mitad de la escalopa llegó hasta mi casa, fiel a morir.
Mi cazuela, impecable. Acá saben de caldos, consomé, sopas y potajes, no hay duda en eso. De vacuno, bien presentada, una pequeña montaña de felicidad inmersa en el hirviente líquido, sabor casero, sin apuro, noble y tradicional, no tiene más explicación. Cuando uno sabe que aunque sean dos chuletas con puré, existen las bien hechas y las mal hechas, en esta casa cocinan rico y en serio. Rodeados de letreros antiguos y botellas de Campari se acentúa el carácter guachaca y republicano, porque aunque los garzones andan de humita, aquí preservan una buena cantidad de años gloriosos de un centro que hoy muda en lo estético, pero que se conserva en la fibra profunda.

Coordenadas
Bar Nacional 1, Huérfanos 1151, Santiago Centro
Teléfono. 2-26965986

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