Acusan a Alemania de vender enfermos a las farmacéuticas para experimentos en su pasado

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Un reciente artículo publicado por el diario El País, reveló que la República Democrática de Alemania vendían enfermos crónico a las grandes empresas farmacéuticas para solventar sus carencias económicas. 

Según los periodistas Stefan Hoge y Carsten Opizt, autores del documental Test und Tote (Test y muerte),  el régimen de alemán alentó a su élite médica para que traficara con seres humanos, que eran ofrecidos como conejillos de indias humanos a empresas farmacéuticas de la República Federal Alemana y de Suiza. 
 
Desde 1983, varios cientos de enfermos crónicos fueron utilizados por empresas como Sandoz y Hoechst para probar fármacos que aun no habían recibido una autorización para su comercialización.
 
Un grupo de médicos de clínicas escogidas recibieron la autorización para utilizar a sus pacientes para realizar pruebas con medicamentos no autorizados. Las clínicas ofrecían a las víctimas por la suma de 3.800 marcos alemanes de entonces (2.184 euros actuales).
 
Una de las víctimas fue Gerhard Lehrer, que estaba hospitalizado en Dresde a causa de un ataque al corazón. Después de ser dado de alta, el estado de salud de Lehrer empeoró y su médico personal le exigió que devolviera el medicamento que había recibido. El enfermo se negó. Lehrer murió un año después, pero su viuda conservó la cajita roja que contenía las cápsulas de color rojiblanco que le habían administrado.
 
Hace dos años, una cadena regional de televisión, informó por primera vez sobre el comercio de seres humanos, pero sin dar muchos detalles. La viuda contactó con la emisora y entregó las cápsulas, que fueron analizadas por un laboratorio de la universidad de Leipzig. El resultado alertó a la comunidad científica: las capsulas no contenían un fármaco apropiado para combatir las enfermedades del corazón, sino un placebo.
 
El negocio entre las clínicas de la ex República Democrática Alemama y los consorcios farmacéuticos estuvo reglamentado a través del Ministerio de Comercio de la Alemania comunista y según la documentación obtenida por los dos autores del documental, fue floreciente. “Creemos que unas 1.500 personas fueron utilizadas por consorcios occidentales para probar sus nuevos fármacos”, declaró a El País, Stefan Hoge, uno de los dos autores del documental.
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