Columna de TV: Los mejores rayos catódicos del 2012

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El 2012 se acerca a su fin y llega la hora de hacer los balances. Las retrospectivas, los resúmenes. Un momento clásico de diciembre, tanto como los especiales navideños y esas promesas de año nuevo que casi nunca se cumplen.

Como esta columna no podía estar ajena a tan magna tradición, aquí les va la lista con los programas de la tele chilena que a juicio de este televidente, bien valieron detener el zapping.

Partamos por “mejor serie dramática”. Y ésta no es otra que “El Reemplazante” . Una serie con nervio, sangre y músculo que palpita en la pantalla, dejándonos esperando el siguiente capítulo con ansias. Todo gracias a sus estupendas actuaciones y una historia que, más allá de abordar el tema socialmente más relevante de los últimos años -la mala educación-, se sostiene por sí misma gracias a un tejido dramático que en ningún momento cae en el discurso pontificador sino que todo lo contrario. Acá hay pura empatía. Puro cariño por cada uno de los personajes, independientemente de que estos sean desganados estudiantes atrapados en la miseria de la educación pública, profesores atrapados en el pago de Chile, o delincuentes que intentan enfrentar la pobreza siguiendo ese camino.

Y uno lo agradece. Sobre todo cuando la quinta temporada de “Los 80” nos dejó viudos. Una serie que amamos con tanta fuerza -y que por eso sigue marcando el rating que marca- pero que ahora se dio el lujo de transmitir capítulos donde no pasaba nada (la borrachera de Félix y la llegada del Papa es el mejor ejemplo) y de convertir  el martirio de Juan Herrera en su principal comodín. Un maltrato que a estas alturas resulta insoportable, y lo que es peor, muy predecible.

En la vereda de la comedia fue “Soltera Otra Vez” el mejor estreno de la temporada. Una serie que más allá de las absurdas críticas de que “los hombres ni las mujeres son así” – ¿Alguien se atrevería a pedirle a “Friends” retratar la realidad?-  nos emocionó e hizo reír por partes iguales, logrando no sólo altos ratings, sino que un grado de identificación y discusión  pocas veces visto en una serie de ficción.  Y eso ya lo dice todo.

Dentro del saturado género del docurreality vimos cómo TVN se extravía en su creencia de que poner a famosos como protagonistas es más que suficiente y Chilevisión comienza a consolidarse como el único capaz de pelearle el género a Canal 13. Lo llamativo es que lo hizo poniendo a gente anónima, y en general no muy agraciada de protagonistas, con dos series adictivas que son comedia pura: “Psíquicos” y “La Bella y el Geek” .

Este año también vio la consolidación del primer gran estelar de la television chilena desde “Viva el Lunes”. Un programa que no sólo ha sido en sus mejores momentos una clase de cómo hacer television en vivo, sino que en el fondo evidencia un profundo cambio cultural en el Chile actual: “Vértigo” . Un programa que en la década pasada era casi tan conservador como los noventeros tarjetazos de Cecilia Bolocco a Álvaro Salas, y que hoy despliega pura liberalidad. 

El nivel de confesiones que “Vértigo” ha logrado de sus invitados hablan de un país donde la gente ya se asume tal como es, en lugar de aparentar el deber ser, y donde los famosos ya no importan tanto por sus cahuines faranduleros – “Primer Plano” en caída libre- si no que por su verdadera dimensión humana, uno de los efectos culturales de las redes sociales donde todos se equiparan. Símbolo de ello es Junior Playboy, todo un adelantado sin filtros que se sacó el miedo de encima. Puro aire fresco. Y eso es bastante para la tele en horario prime.

Parte de esa tendencia es “Mentiras Verdaderas” . Un programa que partió su temporada como Huachipato, ahí, en la medianía de la table, y que tal como el equipo de la Octava Región termina el año como un campeón. Un programa diario y en vivo que ha crecido tanto como su conductor, Eduardo Fuentes: simpático, divertido, carismático, libre. Un programa que nos ha regalado un clásico -los viernes sin censura- y momentos tan desopilantes como los pasitos de baile de disco gay de Víctor Gutiérrez.

La página se hace corta y no podemos terminar nuestro resumen sin nombrar el triunfal regreso de las teleseries en TVN: “Pobre Rico” y “Dama y Obrero” , dos teleseries que recuperaron la comedia del alicaído género potenciándolo -aunque muy superficialmente- con el drama eterno del país -el de las clases sociales-, y la lenta caída de los programas de farándula que parecen cada vez importar menos. Ya era hora.

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