Columna de Copano: " El Fantasma de la dignidad pasada"

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El fantasma se levanta y se lava los dientes antes de desayunar. Está solo, rodeado de cosas que compró y, conforme se libró de la novedad de tener, ocupan espacio. Se ha convencido de que su esfuerzo, enorme y sacrificado lo llena de objetos. Pero hay una cosa en la que el fantasma de la dignidad pasada no puede transar, a pesar de que lo hizo con cada asunto que se le cruzó. Con cada moral que despreció. Con cada minuto en que pensó que estaba equivocado o haciendo negocios con los que no debía.

Lo único que no puede transar el fantasma de la dignidad pasada es en su construcción. Es su maldición saber que no es así. Que no lo formaron de esa manera, que nunca pensó que daría tanto asco a su alrededor. El fantasma siente que está ahí porque no puede rechazar nunca. No tiene el carácter de negarse por sus objetivos, que han perdido valor con los años. Llegó tan temprano a la premiación, a la celebración de los logros fáciles que está asustado. El fantasma de la dignidad pasa- da este año no tiene a quién atormentar.

El país se ha vuelto más fuerte. Más grande. El fan- tasma apela a una masividad fusilera a cambio de sobrevivir. Como sacerdotes, los asesores del fantasma (el fantasma de la dignidad futura, que nunca explota porque no tiene los cojones para avanzar y el fan- tasma de la dignidad presente que sólo es un invento, los fan- tasmas no existen) le repiten lo genial y distinto que es cuando lo han vuelto uno más de los asquerosos tipos de corbata y traje que siempre entrega mas distracción frente a la mentira. Es tan obvio.

El truco del fantasma dura hasta que los niños crecen. Los niños dejan de creer en los fantasmas cuando toman acción en sus vidas.

Todos los fantasmas pien- san que tienen potestad sobre nosotros. Y sus formas de ver el mundo desde una zona su-perior, sobre el bien y el mal. Y juegan a ser transparentes pero están llenos de polvo. Finalmente son tormento, pero si uno los analiza bien son sólo recuerdos de cosas que no se materializaron, de proyectos fallidos.

Nosotros somos humanos y no fantasmas. Podemos seguir amando, sintiendo, pensando, podemos discutir, podemos tener libertad. No ganarla. La libertad es nuestra y quienes quieren manejar nuestra manera de pensar para su beneficio no son personas. No son humanos. No entienden lo lindo que es que podamos elegir, que no nos puedan presionar ni aplastar.

La dignidad es en los fan- tasmas una simulación. No es la realidad. Ellos se entregan, ellos no se manifiestan, no protestan contra el poder. El poder para los fantasmas es la sangre porque no sienten como nosotros, porque no sueñan, no se enamoran, no dudan, son fríos, se desconec- tan de sí mismos para no ver la realidad. Para no comprender la pelea en que nos encontramos.

Los cómplices de los fantasmas están en todos lados y no quieren ver lo que es evidente. Quieren inventarse una realidad para negar que vamos a ganarle la pelea a la injusticia, a la desigualdad, al daño. Ya con darla, ganamos. Quedarnos quietos hace que perdamos.

El fantasma de las dignida- des pasadas mira eso y hace un gesto cínico y algún chiste y pierde, y se va a la cama rodea- do de cosas que cuando no esté aquí, cuando se disuelva no van a valer de nada.

Lo importante es contar la historia, lo importante es cambiar la historia.

La clave para eso es ganarle a la histeria.

Y seguir luchando por nuestros derechos. Seguir haciendo nuestras protestas, íntimas y masivas.

Seguir militando más por los demás que por nosotros mismos.

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