Columna de Juan Manuel Astorga y la renuncia de Larraín: "Oportunidades y crisis"

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Si la renuncia de Carlos Larraín a la presidencia de Renovación Nacional fue gatillada por su hastío ante un trato poco deferente de parte de La Moneda hacia su partido, o más bien fue un tongo para distraer la atención del hecho que la gatilló -la salida del gabinete del ministro de Justicia, Teodoro Ribera-, probablemente nunca lo sabremos. Pero lo que sí fue quedando claro esta semana es que esa dimisión, que retiró 24 horas más tarde, generó costos para la actual administración, para la Alianza por Chile y en especial para la candidatura presidencial de Andrés Allamand.
Carlos Larraín dejó trascender que estaba furioso luego que el Gobierno le pidiera la renuncia a Ribera, un ministro que salió del gabinete luego de conocido que en 2011 contrató al ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación, Luis Eugenio Díaz, hoy procesado por cohecho, soborno y lavado de activos, como asesor en Gendarmería mientras se tramitaba la acreditación del Incacea, instituto en el que Ribera tiene el 7,5% de la propiedad.
El senador RN considera a Ribera un hombre probo y que no había cometido falta alguna y que, por lo mismo, no existía argumento para sacarlo del cargo. Pero su molestia pública ya no sólo era porque se le pidió la dimisión sin tener pruebas que lo inculparan, sino porque el Gobierno no le advirtió de su decisión. Larraín dijo que consideraba esta la gota que rebalsó el vaso. Hace meses que venía cuestionando lo que llamaba “la desidia del Gobierno hacia RN”. El mandamás de Renovación Nacional lo tenía inquieto el supuesto desbalance en el trato del Gobierno hacia ellos versus la UDI. Esa inquietud se convirtió en molestia y de la rabia a la furia hay menos de un paso. Larraín renunció al cargo el mismo día en que Ribera fue alejado del ministerio y desde entonces se empezó a escribir otro capítulo en una historia demasiado larga de desencuentros en la derecha chilena. Aún cuando al día siguiente Larraín fue hecho entrar en razón por Allamand, quien le habría explicado el daño que le hacía a su candidatura su renuncia y, por lo mismo, la retiró, la bomba lanzó esquirlas que dejó varios heridos en el camino.
El primer afectado después de los acontecimientos fue el propio Ribera. Primero, porque su partido no logró mantenerlo en el Gobierno y segundo, porque la parafernalia extra que le agregó al caso el enojo del senador Larraín multiplicó la exposición de su salida. Incluso si fuese cierto que todo fue un tongo para distraer la atención sobre el alejamiento del ministro, se consiguió el efecto contrario. En parte porque, al cerrar la puerta por fuera, Larraín propuso como nuevo timonel de RN al cuestionado secretario de Estado, cargo que no ocupará no sólo porque era necesario que lo proclamara en el puesto el Consejo del partido en enero próximo sino porque, como sabemos, Larraín al final se quedó. O sea, a Ribera lo bajaron no de uno, sino de dos cargos en 24 horas.
Cuánto dañó la candidatura de Andrés Allamand todo este entuerto es algo aún no estimado del todo. Pero incólume no quedó. Si bien fue él quien apareció como el salvador de la situación, convenciendo al líder del partido para que se quedara, los recientes sucesos confirmaron que hay más desorden que otra cosa por esos lados. Lo corrobora el hecho de que el precandidato de la Alianza salió a decir que Larraín se mantendría en el puesto porque La Moneda había comprometido “un nuevo trato” hacia RN, algo que el Gobierno aclaró al día siguiente, no era verdad. “Aquí no hay ni viejos ni nuevos tratos”, dijo el ministro del Interior, el UDI Andrés Chadwick. Para colmo, la vocera de Gobierno, la RN Cecilia Pérez, cuestionó al aspirante a La Moneda por decir que “desde el día uno ha existido un déficit político” en el Gobierno. “Creo que en la vida las lealtades son superiores”, afirmó la ex intendenta. Se hace difícil considerar triunfador a quien el Gobierno le quitó el piso y de esa manera tan brutal.
Aquí perdió también el propio Carlos Larraín. Las razones que lo hicieron volver poco tienen que ver con las razones que lo hicieron salir. Se fue criticando una deficitaria gestión política en el Ejecutivo y volvió sin garantías de que eso mejore y sólo para no hundir a su candidato. Haya sido la suya una pataleta, un acto de catarsis o un bluf, el caso es que retoma el cargo con menos poder que antes. ¿Cómo será ahora su relación de fuerzas con el Gobierno?
Otra vez los problemas en su sector abollan al Presidente Piñera. Justo cuando el Mandatario parecía tener alineada a la opinión pública detrás suyo con la impecable defensa de Chile en La Haya, lo que lo habría ayudado mucho en las encuestas, se gatilla esta crisis. Estaba en un buen momento. Estaba.
Por ultimo, la UDI tomó palco en un relato del que esta vez no era protagonista. Su candidato Laurence Golborne miró de lejos esta historia y por ahora aparece como intacto. Sin embargo, tanto este partido como el resto de la centroderecha obviaron abordar un tema muy de fondo: un ministro que se va cuestionado en un caso muy sensible para la opinión pública. Aunque no se le ha probado delito alguno y todo indica que lo suyo fue más bien un acto de imprudencia más cercano a lo ético, no hubo esfuerzo alguno por detenerse a hacer un mea culpa y revisar con autocrítica el episodio. Todo lo contrario. La sensatez indicaba que primero había que analizar el caso antes de cerrar filas en torno a la figura cuestionada. Aquí se hizo al revés. Lo respaldaron antes de conocer la historia completa. Un nuevo capítulo que revalida ese parafraseo sobre cómo convertir una crisis en una oportunidad. Aquí se hizo de la oportunidad una crisis.
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