¿Por qué no es bueno usar el GPS?

El uso de este sistema podría afectar a nuestra memoria

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A la mayoría de las personas les cuesta encontrar cosas, a quién no le ha pasado que justo antes de salir de casa se nos pierde el celular, llaves, algún papel que tengamos que llevar, se nos pierde casi todo, a todas horas y días.

Para qué decir cuando andamos buscando una calle, existen ocasiones en que personas se han demorado casi una hora en encontrar el destino, todo esto depende de nuestra memoria espacial, que es la capacidad del cerebro (que funciona como un GPS interno) de registrar la información del espacio en el que nos movemos y de orientarnos en el mismo

Estudios demuestran que una estrategia de navegación espacial con la que aprendemos sobre el entorno, consiste en crear mapas cognitivos o “mentales”, recordando la ubicación de ciertos puntos de referencia y su relación en el espacio; información que tomamos de base para dar indicaciones de una dirección o buscar atajos.

Otra estrategia consiste en un enfoque de estímulo-respuesta, con el que las personas asocian señales específicas (la casa roja que está en la esquina) con ciertas acciones a realizar (bajarse del auto y  caminar hacia la primera gasolinera) para llegar a un destino.

¿Quién se demora más, hombres o mujeres?

Investigadores de la Universidad de Utrech, en Holanda, descubrieron que las mujeres tienden a utilizar puntos de referencia visibles para recordar la ubicación de su auto, caminando hasta 400 metros por doquier antes de llegar al objetivo (el 21 por ciento, comparado con solo un 7 por ciento de hombres), mientras que los hombres toman rutas más directas.

Dentro de las estrategias reportadas, se encontró que el 57 por ciento de las mujeres y el 66 por ciento de hombres estacionan el auto cerca de la entrada del centro comercial; memorizar la ruta para regresar por el mismo camino, lo hace el 63 por ciento de las mujeres y 49 por ciento de hombres; 38 por ciento de mujeres y 32 por ciento de hombres recurren a imágenes mentales para llegar al auto.

Pero, cuando estas estrategias conscientes no funcionan, no queda más que valerse de la memoria espacial, dando pie a que surjan diferencias entre hombres y mujeres.

Los resultados revelaron que el 38% de las mujeres se ayudaban por puntos de referencia (un cartel, por ejemplo) para recordar la ubicación del auto, comparado con solo un 15 por ciento de hombres.

Cuando se les solicitó a los participantes que estimaran la distancia entre la salida del centro comercial y su auto, indicando la ubicación del mismo en un mapa, los hombres resultaron ser más hábiles al hacer la medida y manejar los puntos cardinales (“mi auto está a 150 metros hacia el norte”).

Los hombres se lucieron en el acto de poner en práctica su capacidad de memoria espacial y, por ende, en la llegada a sus vehículos.

Muchas personas encuentran la solución a este problema en un GPS, pero las ventajas de precisión y ahorro de tiempo con el uso de un dispositivo GPS, son vistas como desventajas por los científicos debido a que dejamos de ejercitar el cerebro, entorpeciendo de alguna manera nuestras capacidades cognitivas.

“(…) es probable que cuanto más nos apoyemos en la tecnología para encontrar nuestro camino, menos construimos nuestros mapas cognitivos”, escribió Julia Frankenstein, psicóloga del Centro de Ciencias Cognitivas de la Universidad de Freiburg, en The New York Times.

“A diferencia de un mapa de la ciudad”, agrega, “un dispositivo GPS normalmente proporciona información escueta de la ruta, sin el contexto espacial de toda la zona”.

Y es que el cerebro se comporta de manera “económica”, explicó la especialista, pues intenta disminuir la cantidad de información que debe almacenarse y evita el cúmulo de información innecesaria.

Cuando lleguemos a un nuevo lugar, Frankenstein sugiere que olvidemos el dispositivo GPS, estudiemos un mapa para orientarnos e intentemos posteriormente concentrarnos en nuestra memoria para encontrar nuestro camino.

La solución para evitar la pérdida de nuestros mapas mentales reside en la práctica.

Existe evidencia cientíica de que las estructuras cerebrales cambian de acuerdo al entrenamiento de nuestra memoria espacial.

En un afamado experimento conducido por la psicóloga Eleanor A. Maguire, de la Universidad de College London, la especialista descubrió –medianteimágenes por resonancia magnética– que aquellos.

Taxistas londinenses que habían pasado un promedio de tres a cuatro años aprendiendo las 25 mil calles de Londres, mostraban un mayor volumen de materia gris en el hipocampo, el área del cerebro que atesora la memoria espacial. Un detalle más: a medida que los taxistas sometían su cerebro a un mayor “régimen de entrenamiento”, continuando su labor con el paso de los años, su hipocampo crecía de tamaño.

Fuente: reporteindigo.com

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