Columna de Juan Manuel Astorga: "El verdadero fin del mundo"

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El mundo no se acabó y el fin de nuestros días no llegó el 21 de diciembre. Un pronóstico tan poco serio como lo son quienes se encargaron de lucrar a partir de supuestas interpretaciones mayas, las mismas que sirvieron para lle- nar horas de matinales y noti- cieros. Agoreros de reputación patética que vendieron miedo envuelto en dudosas escrituras ancestrales.

Pero así como el augurio del fin del mundo falló, muchos otros pronósticos hechos para este 2012 no acabaron por cumplirse. Predicciones que en algunos casos fueron en realidad intenciones y deseos y que, en otros, simplemente erraron por ausencia de buen olfato y falta de una mirada de largo plazo.

Se equivocaron quienes pronosticaron para este año un mejor desempeño del Gobierno y del Presidente Piñera en las encuestas. Lejos de llegar al 45 por ciento como algunos habían predicho, el mandatario no pudo recuperar su popularidad. 

Renovados conflictos en educación, críticas latentes respecto de la desigualdad, nuevas movilizaciones sociales que cruzaron de Freirina a Magallanes y un desencanto general con la política, hicieron del vaticinio de mejores números una fantasía que no se concretó. Ni mejores cifras de crecimiento, vistosos niveles de empleo y ni una baja inflación ayudaron a subir en los sondeos.


Se equivocaron otra vez los que anunciaban la muerte de la Concertación. Luego de obtener emblemáticos resultados en las elecciones municipales y, contra todo pronóstico también de abrirse al diálogo con otras fuerzas, el conglomerado opositor sigue cargando adobe.
 
Lejos de acertar estuvieron también los que anticipaban que Michelle Bachelet anunciaría este 2012 su candidatura a la presidencia. Tan equivocados estaban ellos como quienes previeron una estampida de ministros dejando sus cargos para competir por un cupo en el congreso. Pablo Longueira no dejó el gabinete para asumir como
postulante presidencial, e Ignacio Walker y Ricardo Lagos Weber tampoco serán, como tanto se especuló, precandidatos presidenciales de sus partidos, la Democracia
Cristiana y el PPD. Pero, claro, de todos los pronósticos, el que estuvo más lejos de
acertar fue el que anticipaba cuál sería la participación ciudadana en las elecciones municipales, las primeras con inscripción automática y voto voluntario.

Aquí se quedaron cortos todos, hasta los más pesimistas de nuestra política. El mundo económico y empresarial no lo hizo mejor este 2012. Acostumbrados a la bipolaridad, suelen pasar del exitismo a la angustia apenas la bolsa baja en un par de puntos. Este 2012 no fueron la excepción. Anunciaban un año de marcada desaceleración de la demanda, que chocó de frente con una realidad opuesta donde el ritmo de expansión creció hasta un 8% en el tercer trimestre. Sectores exportadores, más por deseo que por otra cosa, anticipaban una necesaria intervención del Banco Central para hacer subir el dólar, cosa que tampoco pasó.
 
No se disparó la inflación y, de hecho, el 1,6% con el que cerrará el año dista mucho de pronósticos que la acercaron hasta el 2,5%. Ni hablar del crecimiento económico proyectado para este año por el Banco Central, que hace 12 meses se estimaba entre 3,75% y 4,75%. Todo indica que será de 5,5%.

El mal ojo de los analistas económicos no es prerrogativa sólo chilena. En el mundo abundaron las profecías sobre una desintegración de la Eurozona y que el detonante de ese descalabro sería el abandono de Grecia del euro. Ni lo uno ni lo otro. El anticipo del destino griego estuvo tan lejos de la realidad como el que conjeturaba que la economía China sufriría un aterrizaje forzoso, o que Brasil iba a recuperar su descollante camino al primer mundo.

Se equivocaron los que compraron acciones de Facebook creyendo que la rompería en la bolsa y también los que apostaron por un mejor año de Apple.
 
Medio opaca se puso la bola de cristal para los que adelantaron que las elecciones en Estados Unidos tendrían empate técnico. Ni mencionar a quienes creyeron que Henrique Capriles tenía alguna posibilidad de derrotar a Hugo Chávez en Venezuela.
 
Los proféticos de siempre fallaron como nunca. No volvió Bielsa y no se fue Jadue. No hubo tacos tras la inauguración del Costanera Center y Hinzpeter no dejó el gabinete. No tembló para la última visita de Arjona y no cayó el gobierno de Cristina en Argentina.
 
Tal vez lo único premonitorio que terminó por cumplirse fueron los vaticinios estudiantiles sobre la educación superior. El cierre de la Universidad del Mar, ese que la autoridad no quiso advertir y tampoco fiscalizar a priori, fue el apocalipsis de una fiesta a la que, por no ponerle normas, terminó por provocar una tremenda resaca. El único augurio que se cumplió y al único al que no le pusimos atención. Quizás este es el fin del mundo al que se referían los mayas.
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