Columna de TV: "Baila! Al ritmo de un Sueño: Un eterno deja vú"

Será el miedo que todo lo impide, el miedo a perder el trabajo o el terror a quedar marcado por un fracaso. Será que el país no se caracteriza por dar espacio a la innovación o que simplemente hay una escases de ideas abismal en el medio televisivo. Lo cierto es que como vimos en la columna de la semana pasada, la mayor parte de los estrenos que se anuncian para esta temporada no son más que refritos. La puesta en escena, otra vez, de viejos formatos vistos hasta el hartazgo. Un 2013 televisivo que a priori, solo repunta en interés gracias a las merecidas –y esperadas- nuevas temporadas de “Soltera Otra Vez” y “El Reemplazante”.

 

En esta temporada de regurgitaciones televisivas fue “Baila! Al ritmo de un sueño” de Chilevisión, el programa encargado de abrir los fuegos. Un formato de show de baile comprado a Televisa donde, como en todos los programas de baile, es protagonizado por famosos. La vuelta de tuerca aquí es que la pareja del famoso es una persona desconocida, idealmente con algún drama a cuestas -¿quién no carga uno?-, compitiendo por los 20 millones para lograr costear algún sueño como la casa propia.

 

En teoría la compra de formatos ya probados con éxito debiese ser una apuesta segura. De ahí que los canales prefieran esa compra que el riesgo de lo nuevo. Pero a juzgar por los resultados de los dos primeros capítulos –el programa se emite miércoles y jueves- ya estamos hartos de ver lo mismo: en su debut el show rasguñó el rating para quedar dentro de los diez primeros, y al siguiente día simplemente desapareció del top ten diario.

 

La vuelta de tuerca es lo más interesante del programa, pero absolutamente insuficiente como para mantener la atención y evitar el zapping. Ahí está Alejandro, el no vidente que baila para comprarse una casa. Cotelo, el pescador que necesita un bote propio. Eva, la striper y escort que quiere cambiar de vida. Historias que se agotan al primer capítulo. Lo que sigue, es el programa de baile mil veces visto: una escenografía similar a los anteriores, un conductor que no destiñe pero tampoco suma mucho y un jurado que parece un deja vú: Maitén Montenegro se lo toma muy en serio, como si esto fuera Broadway, Pampita es incolora y Jordi Castell aparece por enésima vez en las pantallas de Chilevisión: solo falta que comience a conducir alguno de sus noticieros para que parezca ser un monopolio.

 

Hay vueltas de tuercas que sí funcionan. Ahí está, por ejemplo, “Apuesto por Ti”. Un programa que logró todas las bienaventuranzas que auguramos en esta columna apenas debutó. Lo hizo gracias a la química de su jurado, el enfoque en la comedia, un Viñuela cada vez más suelto y su foco en el frikerío de las pruebas evitando caer en el bullying. Una reversión de los ya eternos shows de talento, que ya despierta interés como formato exportable. Todo lo contrario a la apuesta de “Baila! Al Ritmo de un Sueño”. Un programa entrampado en una pregunta tan básica como sin solución: ¿para que volver algo que ya vimos antes?