Comunidad demanda a empresa de agua potable por daños de aguas servidas

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Agencia Uno

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La planta de tratamiento de casi el total de las aguas servidas del Río Mapocho ha mantenido por más de  diez años a una comunidad viviendo sumida en terribles hedores producidos por el mal proceso de limpieza de las aguas.

La demanda por indemnización por perjuicios apunta a reparar el daño moral por esta situación que afecta a casi mil habitantes históricos de la zona ubicada entre las comunas de Maipú y Padre Hurtado.

¿Es necesario todo este daño para descontaminar el agua servida y el río Mapocho?, ¿son sacrificables nuestras personas por el bien de otras?, ¿es lo que queremos y pagamos en nuestras cuentas?, ¿se nos informa de la realidad de El Trebal?, Son algunas de las preguntas que formula la demanda contra Aguas Andinas que esta semana termina la presentación de pruebas.

Aguas Andinas ha tratado con desdén todas las iniciativas de solución al terrible escenario cotidiano de vergüenza que lleva a los habitantes de El Trebal a no invitar a familiares o amigos a sus casas.

Esta situación recuerda el evento de La Farfana.


Hace más de diez años los vecinos del sector de El Trebal conviven a diario con hedores emanados y producidos de manera directa por la planta de tratamiento de aguas servidas del mismo nombre que instaló Aguas Andinas y que tiene como fin depurar el total de las aguas del río. Por esto, han presentado una demanda que busca la indemnización por el daño ambiental, psicológico, que afecta a las personas a diario y en sus relaciones interpersonales, además del daño patrimonial, ajeno a esta acción legal.

 

El Trebal es un pequeño valle semi rural, mayoritariamente humilde y más bien aislado –no hay locomoción colectiva-, ubicado entre las comunas de Maipú y Padre Hurtado. Su población vive ahí hace décadas y no supera los mil habitantes, que viven básicamente de la agricultura y cosecha de almendras y otros frutos.

 

En su origen (2001), la Planta de Tratamiento de Aguas Servidas de la cuenca de Santiago estaba a una distancia ya estrecha -para una planta de estas características- de las casas de los vecinos, pero su ampliación “Mapocho”, la ha dejado a no más de una pequeña calle que los separa de la que es la planta más grande de Sudamérica y, se supone, la más moderna del mundo.

 

ANTECEDENTES

La comunidad esperó con mucha ilusión la puesta en marcha de una planta que aportaría agua tratada y apta para el regadío de 57 mil hectáreas y traería consigo el desarrollo y prosperidad a este sector.

 

En los informes de evaluación que detallan la eficiencia y productividad de esta planta se hacía énfasis en todos los aspectos positivos que conlleva este megaproyecto, que viene a solucionar un aspecto fitosanitario a todos los habitantes del gran Santiago.

 

La planta trata un caudal promedio de 4,4 metros cúbicos por segundo y demandó una inversión de US$ 150 millones y en ella trabajaron un promedio de 2.500 personas desde abril del 2000.  Muchos jefes de hogar, hombres y mujeres de la comunidad de El Trebal, participaron con la convicción de tener un empleo cerca de sus hogares –aspecto clave para un sector aislado-, permitiendo con ello un desarrollo familiar de mejor calidad.

 

A pesar de todas estas expectativas, y ya con la planta en pleno funcionamiento, un año antes de la fecha, muchos de los miembros de la comunidad que trabajaron en ella, detectaron algunas irregularidades que, entendían ellos, no eran dignas de la planta “más moderna del mundo”.

 

Todos los trabajadores de la planta pasaron por cursos de inducción, por los riesgos a los que se verían expuestos –peligros para la salud de orden químico,  por la gran exposición a bacterias propias de la descomposición orgánica y a gases tóxicos en gran medida, dependiendo de la concentración, y de una volatilidad elevada con efectos odoríferos muy marcados, llegando al extremo de ser intolerables por la persona humana-.


Esos aspectos fueron conocidos por los trabajadores y todos los personeros vinculados a la planta, pero no aceptadas por la comunidad de El Trebal, cuya única injerencia es colindar con una planta que instalaron en su sector, con exposiciones diarias a gases tales como el “H 2 S” (sulfuro de hidrógeno, denominado ácido sulfhídrico en disolución acuosa (H2Saq), que es un ácido inorgánico de fórmula H2S). Este gas, más pesado que el aire, es inflamable, incoloro, tóxico y su olor es el de la materia orgánica en descomposición.

 

Desde entonces los habitantes de El Trebal han convivido con hedores intolerables que han llegado a impregnar de hedor a fecas sus alimentos, sus ropas y el interior de sus viviendas, además de  plagas de moscas que proliferan en las épocas de mayor temperatura y de ratones que asolan el sector junto a las conocidas enfermedades que transmiten,  a lo que se suman episodios en que del agua de la llave, salen insectos conocidos como “tijeretas”.


En primavera el viento trae consigo polvo de excremento proveniente de los “lodos” secos del “MONORRELLENO” o cancha de acopio de lodos secos, a metros de la comunidad. En otras palabras, “polvo de excrementos”, junto a dolores de cabeza, náuseas por gases tóxicos H2S, muy volátiles y concentrados.

 

Los “lodos” son el resultado de todo el proceso de limpieza de las aguas servidas, que en mayor concentración se producen por material orgánico en descomposición y que en estado húmedo son llevados y acumulados en canchas de secado, para luego acumularse en verdaderos cerros–con destino incierto- y que se encuentran colmados de gases nocivos y altamente tóxicos, almacenados al aire libre a menos de mil metros de la comunidad y con un perímetro de planta de no más de decenas de metros, con un quemador de biogás que lo hace incompletamente

A modo de ejemplo, La Farfana solucionó su problemática de lodos trasladándolos a Til Til para su secado y acopio, teniendo en consideración episodios de malos olores eventuales y de pocos meses.

 

Al poco andar de la planta, comenzó una serie de mesas de diálogo, promocionadas por la ONG “La Casa de La Paz” que hacía de mediador entre la comunidad y Aguas Andinas, sin llegar a puerto y generando mayor desconsuelo entre los habitantes que sienten ser “el WC de Santiago”. Entre otros puntos se solicitó la plantación de arboledas que frenen las plagas de moscas.  Esta entidad era patrocinada y pagada  por Aguas Andinas S.A.

 

La demanda que lleva ya casi dos años, reclama el derecho a la integridad psíquica en relación al sufrimiento, al menoscabo y al agravio moral, avaluado 35 millones por persona, más el retiro definitivo de los lodos acumulados, la plantación de árboles alrededor de la planta, la desratización de la zona yvacunación para toda la comunidad, ante las enfermedades de contagio por exposición a agentes patógenos. Todos estos puntos, son parte de las medidas de mitigación que la planta de Aguas Andinas debió proveer desde su instalación y señaladas en las mesas de diálogo con la comunidad y promovidas y por esta peculiar ONG.

 

Aguas Andinas ha tratado con desdén todas las iniciativas para buscar una solución al terrible escenario cotidiano de vergüenza que lleva a los habitantes de El Trebal a no invitar a familiares o amigos a sus casas.

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