Columna de Copano: "Signos de los tiempos"

Por Nicolás Copano

Durante las últimas semanas han existido una serie de lecciones de marketing que tienen que ver con las sensibilidades propias de nuestra época.

La primera tiene que ver con la emoción. Quienes son más críticos y vinculan lo que pasó con H&M con la vergüenza ajena, no son capaces de leer el trabajo extraordinario hecho por ese equipo, que logró provocar la expectativa de un recital de Lady Gaga con la apertura de una tienda. Si los que trabajan ahí estuvieran metidos en la industria cultural o la de los medios de comunicación, este país sería radicalmente mejor y más divertido. Sería lindo ver a esos cerebros gigantes (tengo el honor de conocer a varios) a disposición de ámbitos como el arte y el rock. Esos son los genios que faltan para oxigenar estructuras viejas, con ideas que pasaron de moda y que siguen repitiendo la fórmula de dos décadas para ganar los últimos tramos de dinero antes de que Internet venga por todo. Generar eventos es un arte.

Otro arte es el de hacer pasar una cosa por otra. La elección del Papa argentino no sólo fue una sorpresa, sino parece la mejor estrategia para una institución en crisis como la Iglesia Católica. Elegir a un Papa provoca una extraña reacción en las grandes masas: pasa a ser un hombre incuestionable, a pesar de su pasado. Y en Internet hay páginas que analizan su historia, con bastante ripio.

Más allá de eso, el Papa Bergoglio no es Ratzinger, una persona que no parece tan simpática. La primera declaración de Francisco en español fue “que gane San Lorenzo”. Admitamos que desborda carisma, y hace una clara jugada: que la gente no sienta que esa institución tiene pedófilos, que los errores no los vea como una cadena (como ha venido sucediendo) sino otra cosa. ¿Quieren otra prueba? La prensa de El Vaticano en Internet esta semana publicó una columna opinando de la evolución de los contenidos de Batman. Sí, de Batman. El operativo neblina levanta ruido.

Lo que es mucho más claro que la neblina es que Bachelet viene. No sabemos si con todo desde ella, pero sí de los que la rodean. Bachelet es una figura digna de leer desde la publicidad: se parece al peronismo argentino, un movimiento al que cada cual le otorga un significado. Con Bachelet todos ponen una expectativa distinta que le puede jugar en contra. Muchos piensan que hará cambios radicales, y viene de un mundo que por lo visto no ha hecho tantos. ¿Será capaz de modificar esa sensación?

La pregunta circula mientras ella tiene a un equipo trabajando aquí para lograr establecer su liderazgo. Por las torpezas vistas por la derecha en todo caso, acá la elección que viene es tratar de descubrir quién sale segundo. Allamand ahí es el último objeto de estudio. Su propuesta sobre el aborto y un bono para evitarlo no sólo pone precio a la vida, sino entorpece definiciones. Allamand es mucho mejor candidato que Golborne, pero parece ser traicionado por cierto mesianismo.

Con todo este ruido cabe preguntarse a dónde van las cosas. Somos protagonistas de una época sumamente interesante de la historia, donde la participación de miles crece. En un país donde hay más celulares que personas, estas elecciones tratan de lo que hemos tratado en este texto: sobre la emoción, sobre las ideas y acerca de las improntas de las personas. ¿Serán capaces de enganchar con una sociedad más demandante?, ¿más dudosa?, ¿que puede plantear sus propias ideas como el Bitcoin o vendrá lo mismo de siempre? Tanto en El Vaticano, en el mundo de la publicidad, en la política interna y exter- na sucede lo mismo: una incertidumbre gigante. O como diria el gran Gepe: “Un gran vacío, en todo lo que ves”.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro. 

 

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