Columna de Juan Manuel Astorga: "Paso"

“Paso”. Con esa única palabra y dando por terminada la ronda periodística, la candi- data presidencial del PS-PPD, Michelle Bachelet respondió a la segunda pregunta que le hicieron en la única conferencia de prensa que ha dado desde que volvió a Chile. Contestó así al requerimiento por saber qué pensaba del emplazamiento del Presidente Sebastián Piñera para que respondiera sobre lo que hizo durante su gobierno. O sea, no contestó.

Es razonable pensar que Bachelet no quiere enfrascarse en una disputa pública con el Jefe de Estado porque resta más que suma. Y es justo mirar con ojo crítico la actitud del Mandatario, porque una cosa es hacer campaña en favor de los candidatos de su sector -como lo han hecho por lo demás todos los anteriores Presiden- tes-, y otra muy distinta es salir a atacar a un contrincante en particular, algo que no había pasado antes.

La polarización del clima político se nota hace rato. Pero parece que el ambiente ha subi- do tanto de temperatura que el calor ha caldeado las cabezas de nuestros políticos, al punto de tenerlos menos reflexivos que de costumbre y con la visión más borrosa de lo habitual. Voy por parte.

Aunque se insista majade- ramente en argumentar que hay mérito suficiente para cuestionar al actual ministro de educación, Harald Beyer, no cabe duda que el componente meramente político fue el que más pesó a la hora de presentar la acusación constitucional en su contra. En lo formal y dicho en breve, lo responsabilizan porque supuestamente no prestó atención a las petición de fiscalizar el lucro que le formularon profesores de la Universidad de Chile y por no haber considerado el informe de la comisión investigadora del Congreso sobre el mismo tema. Sin embargo, existen múltiples matices que defienden el accionar del secretario de Estado, quien esgrime también, explicado en corto, que no tiene las suficientes herramientas jurídicas para fiscalizar más agudamente.

La Cámara aprobó este jueves la acusación por 58 votos contra 56 y habrá que espe- rar hasta la próxima semana para que el Senado, donde la oposición tiene mayoría, decida la suerte política del funcionario de gobierno.

No se confunde el olor de esta imputación constitucional. Emana el peor hedor a vengan- za. Paradojalmente la misma presidenta de la comisión cuyo informe el ministro rechazó, la diputada independiente Alejandra Sepúlveda, fue quien presentó la acusación. Y queda poco margen para dudar de que aquí hay también un notorio objetivo electoral en un año donde la Concertación se juega la posibilidad de volver al poder. Ese mismo conglomerado que aún no perdona la destitución, con la misma herramienta, de una de sus ministras de Educa- ción. Claro que a diferencia de Yasna Provoste, a quien acusa- ron de negligencia en un caso de irregularidades en los pagos de subvenciones escolares, a Beyer lo acusan de abandono, algo que no habíamos visto antes tampoco.

Tan caldeado está el ambien- te que, para conseguir todos los votos posibles a fin de evitar que la acusación se aprobara, la Alianza por Chile dio su respaldo al independiente Pedro Velásquez para que asumiera la segunda vicepresidencia de la cámara de diputados. Velásquez fue condenado por la justicia por fraude al Fisco por un delito cometido cuando fue alcalde de Coquimbo y aún no cumple lo más relevante de la sentencia: el pago de 232 millones de pesos. El fallo le imposibilitó también volver a ser edil, no así postu- larse a diputado o si quiere, a Presidente de la República, lo que dicho sea de paso, da cuenta del vacío que deja una ley mal hecha y adivine aprobada dón- de: sí, en el Congreso.

La cosa es que, aún cuando nadie en la Alianza quería votar por Velásquez para que fuera vicepresidente, lo respaldaron con el argumento formal de que se habían comprometido a hacerlo hace unos años, aunque sin saber el detalle de sus fechorías. El diputado en cuestión había dado a entender que votaría en contra de la acusación si lo con- firmaban en el cargo. Ese crucial sufragio más la anunciada abs- tención del diputado René Alin- co dejaba la votación empatada a 57 y por ende se desechaba la acusación. Alinco, díscolo como lo conocemos, cambió a última hora de parecer, votó a favor y la acusación se aprobó.

Raya para la suma: la alianza sentó en la mesa de la cámara a un defraudador del Fisco que aún no paga a cambio de un voto que igual no le sirvió de nada.

Tanto o más grave que este episodio, es que ya nadie está discutiendo sobre los abusos co- metidos por universidades que lucran aún cuando la ley se los impide. Todo quedó circunscrito a un gallito donde el que gane, celebrará victorioso, sin haber entendido que el problema de fondo sigue ahí, sin debatirse. El verdadero festejo sería saber que se está cumpliendo la ley. En fin.

Mientras eso pasa en el Congreso, en La Moneda su vocera, Cecilia Pérez, dice en público que le importa más lo que pase con la selección de fútbol que con Bachelet, pero en privado se afana en enviar emails a funcionarios públicos calificado de pesadilla un eventual nuevo gobierno de la ex Presidenta. ¿En qué quedamos?

Con políticos de ambiente caldeado que tratan de “rota de mierda” a una ministra o de “imbécil” a otra, con un par- lamentario que trata de hacer pasar por accidente laboral una caída en moto de nieve en fin de semana y fuera de su distrito, otro que califica de “cola” a un adversario político y acusa ausencia de gallardía de los homosexuales sólo por su condición de tal, con el Presidente hablando más de Bachelet que del paro de los trabajadores portuarios y con una candidata que aún no quiere responder preguntas, la cosa no se ve muy prometedora.

Ojalá que los próximos días sean más templados, porque políticamente hablando, estos últimos han sido pura pérdida. De esta semana, yo paso.

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