Un picnic de día nublado: El lado B de la marcha estudiantil

Por Felipe Saleh

Son las 10 de la mañana y el Parque Bustamante parece el lugar escogido para un gran picnic de día nublado. Vendedores de hamburguesas de soya se suman a los de caramelos, chocolate y maní y una señora que vende silbatos de colores.

La gente está sentada en los pastos, deambulando y saludándose con efusión. Entre ellos, jóvenes que probablemente serían eliminados de la selección para un trabajo convencional: con el pelo pintado, piercings, expansiones en las orejas y bototos sobre pantalones ajustados. Pero esta gente “distinta” se mezcla pacíficamente con los escolares de uniforme, los trabajadores que visten suéters con el emblema de sus sindicatos, las personas de la tercera edad y los niños junto a sus padres.

Hay patrullas y furgones de Carabineros rodeando esta escena medio bucólica. Piquetes de policías vestidos con tenida de Fuerzas Especiales que se intercambian chistes y mensajes por radio. Hacen control de identidad y revisan las mochilas de quienes les parecen sospechosos. No encuentran nada, aunque al final habrá 8 Carabineros heridos y 109 detenidos. 24 de ellos serán menores de edad.
 
No es difícil intuir lo que ocurrirá horas después. Por eso una persona vende limones para capear el efecto de las lacrimógenas. Pero por ahora, todo tranquilo.

La Alameda está cortada. Alguien aprovecha el espacio y hace unas piruetas con una pelota de fútbol en la vereda sur. Al fondo suenan unos tambores africanos. Parece un comercial de una marca deportiva. Sobre todo cuando se oye gente que viene por la calzada cantando como una barra brava. Aunque en realidad son consignas a favor de la educación gratuita: “vamos compañeros pongámosle un poco más de empeño, la educación chilena no se vende…” . Portan un lienzo que dice “Políticos y empresarios, satisfechos con nuestros derechos”. Frente a la casa central de la UC reparten panfletos de Bachelet acompañada de Giorgio Jackson y Camila Vallejo. A ellos les va a molestar. Aunque a pesar de los carteles y los discursos que vendrán contra la candidata, los gritos “el que no salta es Bachelet” no logran la atención del clásico “el que no salta es paco”. Mucha consigna y rechazo en público, pero el voto es secreto.

Poco más atrás camina la actriz Catalina Saavedra y aparece otro lienzo “Bayer operador de la escudería Matte” y si alguien fuera recién llegado creería que Chile está habitado por 120 mil (según los estudiantes) u 80 mil (según la intendencia) personas muy consientes de los contrapesos de poder en el país. Y para agrandar este mundo de fantasía se ve al Viejo Pascuero saludándose con Salvador Allende, acompañado de dos guardaespaldas con el brazalete Gap. Unas señoras se fotografían con él y lo encuentran “mino”, aunque este Allende no mide más de 1.60.

Es mejor la metáfora que inspiran los perros grandes que en ciertos tramos de la calle pelean con alguno más chico hasta casi matarlo, si no es por la gente que los separa a patadas.

La paz sigue en el escenario montado en la Estación Mapocho. Un hombre con dreadlocks vende cerveza y la multitud ya colma desde Mapocho hasta la Alameda. Pero pronto y después de los discursos donde interviene hasta el padre de Juan Pablo Jiménez, empieza la parte favorita de los camarógrafos. El aire se torna denso. Es hora de irse.

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