Columna de Katherine Urrutia: Tú ¿eres culpable de mis errores?

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La agresividad, podemos ver a diario, manifestándose por doquier. Todas las personas se creen dueños de la verdad, y el resto tienen, o tenemos la culpa de todo. Por ejemplo, es común ver como algunos peatones, se enfrascan en largas y muchas veces groseras discusiones con algunos automovilistas, alegando en los disco pare o lomos de toros, creyendo que estos,  están habilitados para los peatones, sin averiguar que son indicaciones para el transito de automóviles y para ellos están los pasos de cebra y semáforos.

Muchos peatones no saben de leyes de tránsito y reclaman cosas que no conocen, sintiéndose dueños de la verdad, lo peor es, que muchos automovilistas, tampoco saben de las leyes de tránsito y también viven realizando faltas y luego alegando contra los todos los que, según ellos, estamos mal.

A lo que deseo llegar, con este ejemplo, es al tema emocional. Como no conocemos nuestras emociones, tampoco nuestro carácter, menos nuestras virtudes o defectos, vamos por la vida empapelando al resto de las personas, con nuestros defectos. Vemos en el resto las faltas, que normal y cotidianamente, cometemos con demasiada frecuencia nosotros mismos.

Es difícil cambiar un error que vemos en el otro y termina convirtiéndose en un círculo vicioso que nos molesta.  Si no lo vemos, no se puede cambiar y seguirá molestando.

Si una persona, es muy, pero muy mal genio y no lo reconoce como tal, pensando que el resto es mal genio con él o ella, pueden llegar a pasarlo mal y sufrir por eso.  Lo peor es que ellos no podrán cambiar su mal genio, porque lo ven en el resto y no en sí mismo.

Solamente di un ejemplo, de miles que pueden existir, la pregunta es ¿Cuál es el defecto que mas me molesta del resto? Y principalmente ¿podría ser ese defecto tan molesto, algo que yo mismo poseo y no logro ver?

Muchas veces, estas preguntas suenan a insulto, más aun cuando el defecto molesto es de alguien que, de verdad nos desagrada mucho.

Sea como sea, es muy importante aprender a conocernos, solamente de esa forma, dejaremos de proyectar en los otros, nuestros defectos y comenzaremos a ver mucho más nuestras virtudes.

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