Columna de TV: "Parts Unknown" con Anthony Bourdain: Puro filete

Columna de TV:

En una década que vio cómo los chefs se convertían en súper estrellas, Anthony Bourdain fue el cocinero que destapó la olla. El hombre que le entregó a ese oficio la mística que el rock and roll alguna vez tuvo.

 

Lo hizo primero con “Confesiones de un Chef” (2000), el libro donde Bourdain desplegó todo su estilo repleto de agudo ingenio y afilado humor negro. Un libro en el que Bourdain retrató el funcionamiento de las cocinas previo al surgimiento del glamour: los dibujó como lugares fuera de la ley, donde chefs, ayudantes, coperos y meseros funcionaban como una tripulación pirata navegando entre ollas y fuego. Lugares repletos de dementes, bohemios y criminales que vivían parapetados entre horarios imposibles, preparaciones repletas de secretos que por salubridad mental conviene desconocer y excesos que te mantienen despierto.

 

Luego el éxito de ventas se convirtió en un clásico de la televisión de viajes: “Sin Reservas”. Y Bourdain alcanzó el estrellato mundial como el deslenguado más famoso del mundo de la cocina. El Dr. House de los chefs. Amante del alcohol, los cigarrillos -fumó dos cajetillas diarias hasta que lo dejó a los 50 años cuando nació su hija-, la carne de cerdo y todas esas cosas que prohiben los médicos. Un gozador navegando entre la comida callejera y la elaboración del mantel largo, con un cigarro en la comisura de los labios, decenas de botellas de cerveza vaciadas en cada capítulo y frases políticamente incorrectas del tipo “odio a los vegetarianos. Son el enemigo de todo lo bueno y decente que hay en el espíritu humano. Una vida sin vacuno no vale la pena”. Observaciones que, como la grasa, dan el sabor adictivo que provoca Bourdain.

 

Hace una semana Bourdain debutó con nuevo programa en CNN: “Parts Unknown”, una de las primeras apuestas de esa cadena de noticias global por explorar formatos que vayan más allá de la contingencia y el despacho en directo de la noticia que marca pauta.

 

En “Parts Unknown” Bourdain ya no fuma después de cada comida, sus irreverentes comentarios están más acotados y esas licencias de relato ficticio que cubrían a ciertos capítulos con una capa de delirio -como su viaje por la región italiana de la Toscana- parecen ya no existir. Sigue comiendo y viajando, pero el foco del relato parece estar en los personajes y la historia del lugar, siendo los platos un complemento del relato.

 

Ese es el pequeña pero trascendental cambio que busca darle un mayor peso documental a “Unknown Parts”, siempre a través de la conocida mirada de Bourdain. Los cambios parecen ser menos sutiles en lo estético. Donde la mejora con su predecesor show se hace evidente es en su lenguaje audiovisual, con tomas que alcanzan un nivel artístico digno de los mejores documentales tipo Discovery Channel. Pero en el resto sigue siendo lo mismo: el viejo y querido Bourdain funcionando como un compañero de viaje ideal. Uno que parte cada domingo a las 22:00 hrs por las pantallas de CNN.