Columna de Copano: Hijos de Internet

Por Nicolás Copano

Estoy en Antofagasta y el salón está lleno de profesores por una charla de Internet Segura. Son de todas las edades. Son quienes cuidan a tus hijos todo el día y es viernes en la tarde así que se han tomado un minuto libre para hacer catarsis. Levantan la mano y comienzan a opinar:

“Los niños de hoy nos pillan. Nos desafían con la tecnología. No sólo se ríen de nosotros por saber menos o más lento: nos ignoran. Nos hacen creer de que están aprendiendo.” Dice uno, que está indignado con el uso del Whatsapp en su clase.

Otro, se suma desde el fondo y confiesa “no podemos hacer mucho con esta generación. No puedo hacer nada cuando uno llega y me pone la pistola en la mesa. Cuando va y me dice que no haga nada que no le guste.”

Todos nos quedamos en silencio.

Estos son los nuevos hijos de Internet. Los niños “me gusta”. Los que demandan y se definen en torno a tener todo ahora: nunca tuvieron paciencia. Jamás han entendi- do un proceso. Son los hijos de la comida rápida y de la banda ancha.

Sus padres no los conocen y es culpa de ellos: cuando los ven en un computador piensan que están jugando, cuando en realidad están en una revolución hippie de megapixeles. O en un movimiento terrorista puntocom. Ya no existe la posibilidad de ser cínicos, de ignorar los temas. La sociedad chilena, reprimida, que no hizo por temor a la curia charlas formativas sobre sexo en los colegios, es sobrepasada por Internet a una velocidad grotesca. Una generación que supo que hacer con sus genita- les gracias a los motores de búsqueda. Tanto es así que si buscas en Google “cómo sé que”, lo primero que sale es “cómo sé que estoy embarazada”.

Probablemente los adolescentes de hoy son el grupo humano que ha visto más pornografía en sus derivaciones de todos los tiempos. Y también violencia: en Netflix las series de animación japonesa como “Black Note” la rompen entre chicos de 11 años.

Todas las respuestas están en Google o en Yahoo Answers y las responden los pares. Mientras las escuelas no reformen eso estamos en problemas serios. El ruido de “la educación tradicional” para mantener cierta forma o estatu quo ya se vuelve peligroso para una nueva generación de chicos que te habla directamente de todo y que encima salta las paredes con la mensajería instantánea cuando lo desea.

Esto no es sólo de una región: es de todo un país. El error es que los padres siguen pensando que Internet sólo sirve para enviar cadenas o reenviar chistes, mientras sus hijos no saben que carajo es privacidad y le entregan la clave a un compañero (4 de cada 10 chicos en Chile lo hace) o tienen en promedio 556 amigos en Facebook (¿quién conoce esa cantidad de gente por favor?). Internet funciona igual a la vida real: hay desconocidos dis- puestos a abusar y gente que quiere engañar a los otros. Hay quienes hacer daño a través del cyberbullying y también los que son adictos al enviar como quien consume crack en una esquina. Es un barrio. Un barrio bravo. Y algunas medidas se pueden tomar sin duda para hacer de este un lugar seguro: se puede enseñar a que leer no es tan malo si buscas lo que te gusta (nunca una biblioteca había estado en un aparato del tamaño de un celular), que puedes usar candado para proteger tus posteos en Facebook (no muchos lo saben y publican sus fotos para que cualquiera las mire), y que finalmente hay que tener espíritu crítico para que no les pase lo de las generaciones anteriores: comprar a la primera lo que dice la radio, la tele o los diarios. Así nos salvamos todos.

 

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