Carlos Figueroa:El discurso que segrega

Por Carlos Figueroa

Para quienes no hayan visto el discurso del Presidente, imaginarán que son ciertamente buenos avances los que mostraron. Habrán escuchado de un desarrollo económico aparentemente indiscutible y de indicadores que nos muestran nuevamente como el jaguar de Latinoamérica en bienestar social.

Habrán escuchado también que hubo más inversión en educación que los otros años, que se propusieron medidas positivas como el acceso obligatorio a Kinder para todos los niños de Chile y que se reafirmaron proyectos que están en tabla desde el 2011, como la Superintendencia de Educación Superior.  En este contexto de fiesta de los números, cabe hacerse una pregunta cualitativa importante:

¿Y por qué la gente no lo percibe así?
 

Según el PNUD, un organismo que el mismo Presidente cita en su discurso, hoy en día la mayoría de los chilenos no siente  que cuando el país avanza, ellos también lo hacen. De hecho, según el informe del 2012, el 85% de la gente cree que la posibilidad de ser felices depende más de lo que ellos puedan hacer o esforzarse de manera individual o de la suerte, que lo que la sociedad les pueda brindar.

Además, el 80% de los chilenos cree que ser feliz depende sólo de uno mismo y sólo el 20% opina que es difícil ser feliz si la sociedad  no te da las oportunidades.
 

La educación, en este ámbito, es un factor importante que determina este malestar. Hoy en día Chile es, en sus propias salas de clase, el segundo país que más segrega en el mundo.  Esto quiere decir que somos los campeones en excluir a los que nos molestan en nuestro desarrollo individual, a los que más les cuesta o a los que no tienen el mismo capital cultural de base que yo. En efecto, hoy la buena educación de nuestros hijos depende, en gran medida, de la cantidad de dinero que tengamos y del lugar donde vivimos: ello provoca de antemano una gran segregación. Y por ello es importante, para subsanar ese problema, preguntarse: ¿Es una buena educación aquella que nos enseña a descartar a los que nos parece que sobran, separar a los mejores y dejar atrás a los perores? ¿Es de buena educación la que nos enseña  a no respetar a los distintos en vez de enseñarnos que vivimos en una sociedad donde debemos aprender, a convivir y a ser felices con otros iguales y diferentes?
 

En Educación 2020 creemos que el cambio profundo en la educación ya no se logró materializar en este gobierno. El exacerbamiento de la libertad individual en desmedro de la convivencia en una colectividad comienza hoy en la escuela y afecta a nuestra sociedad completa. Las políticas de este  gobierno muestran una voluntad para generar cambios en la educación escolar y superior, pero no presentan una reflexión profunda sobre el sentido y calidad de la educación ni un cambio de mirada respecto al lugar que ocupa la educación en la formación de personas que viven en una sociedad.
 

Un modelo de educación que sigue profundizando la segregación  – por medio de proyectos que incentivan el pago de la educación o que no valoran la importancia de la educación pública – no logrará atacar este  gran mal que aqueja a la educación.  La segregación afecta negativamente los aprendizajes de los niños de Chile. Los expertos coinciden que cuando los niños más vulnerables comparten en la escuela con otros niños de un mayor capital, su aprendizaje mejora. Y no afecta sólo a los  estudiantes más pobres. También la formación de los de mejor situación económica se enriquece conociendo la realidad completa del país y no sólo la de sus pares.
 

Lo cierto en todo este tema es que, ya sea por motivos académicos o de formación social, si no aprendemos a convivir y a sentirnos parte de una sociedad diversa, difícilmente podremos lograr una cohesión social y una identificación con los avances que ocurran y se anuncien todos los 21 de mayo.
 

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