Sebastián Becker: La importancia de las marchas

Por Sebastián Becker Castellaro

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A propósito de la marcha no autorizada para este 28 de mayo, las multitudinarias manifestaciones que se han visto en los últimos años y la carrera presidencial ya desatada me gustaría mostrar la importancia de la “marcha” en los discursos de los candidatos a la presidencia.

Como bien es sabido nuestra institucionalidad política peca de la baja representatividad en pos de la “estabilidad política”, basta mirar las encuestas y la apreciación de la ciudadanía del Congreso, el Presidente o lo políticos para corroborarlo. Esto, por raro que parezca, no es algo circunstancial, muy por el contrario, es una respuesta premeditada. La Constitución que nos rige fue precisamente para evitar la crisis de la institucionalidad del ´73 o  golpe militar o como usted prefiera llamarlo.

Aquello se aprecia, por ejemplo, de la siguiente forma: para poder aprobar en el Congreso una Ley Orgánica Constitucional es necesario un quorum de 4/7 en un parlamento que se escoge con un sistema binominal; es decir, para que un gobierno de turno apruebe las cuestiones realmente importantes es necesaria no sólo la aprobación de los partidos oficialistas sino también, los de oposición. Esto sumado a un sistema binominal que tiende al empate para “resguardar la institucionalidad” hace que sea muy difícil romper con las estructuras legales “estabilizadoras” y que no haya una permeabilización de la sociedad civil en el Estado, o en palabras simples, lo que la “gente” diga o reclame, el Estado poco o nada puede hacer (cosa prevista por cierto).

La cuestión entonces es ¿qué tiene que ver esto con las presidenciables? Y la respuesta es que las reglas constitucionales son más que sabidas por los gabinetes de los candidatos, por lo que una aprehensión de los discursos de las marchas por los candidatos se ve muy difícil en la práctica. Esto debido a que el presidente electo deberá negociar con un Congreso ajustado a las reglas arriba señaladas que velaran por el valor por la cual fueron creadas: la “estabilidad”.  Así entonces ¿es imposible poder permear la voluntad de la sociedad civil en los discursos políticos de los candidatos presidenciables? ¿o es que acaso estamos condenados a lo que los políticos digan sin más? Y la respuesta es que no, hay una salida (sin que sea violenta por lo demás). Es aquí cuando entra la manifestación o marcha. El poder de manifestarse está consagrado en nuestra Constitución a través de la libertad de emitir opinión (art.19 n°12), el derecho de reunirse pacíficamente (art. 19 n°13) y el derecho de presentar peticiones a la autoridad (art.19 n°14). Sólo la marcha (evidentemente pacífica) podrá romper con las trabas institucionales y encauzar el discurso de los presidenciables a las distintas vindicaciones que la sociedad civil le pide a sus políticos: matrimonio entre personas del mismo sexo, protección al medio ambiente, educación pública y gratuita, etc.

En conclusión, la protesta, marcha o peticiones ciudadanas es un derecho que tiene todo ciudadano consagrado en nuestra Constitución, en la cual por vías democrática sea posible que la voluntad de la sociedad civil o ciudadana se refleje en los discursos políticos que, hasta ahora, no ha dado el ancho que le solicitan sus ciudadanos.

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