Columna de Víctor Hugo González: Asesinato cultural

Por Víctor Hugo González Albornoz

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Cada vez que se avecinan elecciones la ciudad se vuelve triste, las paredes de a poco empiezan a verse pintadas con letras gigantes que conjugan nombres de personajes, a veces desconocidos, que quieren poder, que quieren asegurarse un sueldo y engordar a costa de los ilusos e inocentes que reconocen forzosamente en esos nombres a alguien de buenas intenciones.

Cada vez que se avecinan elecciones se imprimen millones de folletos con groserías de colores, ¿Para qué?, para atraer a las abejas distraídas y diseminar el veneno de la ignorancia, el plan resulta y las abejas caen, caen en montones gigantescos y lamentablemente las que no quieren caer son empujadas por el enjambre.

Claramente las abejas que se marean con los colores no son tontas, más bien son víctimas, tristes víctimas de la maldad de unos pocos. Esos “pocos”, los malos de este cuento, se apropiaron del panal y de las abejas y las obligan a diario a trabajar como obreras, con salarios bajos y reprimidas en sus derechos en post del desarrollo de sus empresas.

Hace rato que el país no es nuestro, hace rato que en Chile unas pocas familias son dueñas de prácticamente todo (Isapres, AFPs, clínicas, cementerios, supermercados, casas comerciales, universidades, etc), pero eso parece ser ignorado por el enjambre, todo funciona “bien” gracias al miedo que genera revelarse, miedo a la destrucción del panal, que a estas alturas ya parece una trampa mortal.

Podemos cambiar el celular, el computador, el tablet, hacemos esfuerzos gigantescos por comprarnos la ropa de moda, nos volvemos locos por cambiar la consola porque la PS3 ya es vieja, pero cuando queremos un cambio de verdad, uno para todos, tenemos susto.

Calles pintadas, empapeladas, sucias y finalmente tristes, síntoma de nuestro miedo a revelarnos y de permitirles a unos pocos manejarnos como quieren y de la forma que quieren, ensucian nuestro entorno porque claramente ellos no viven aquí.

Toda esta reflexión nace a partir de un hecho pequeño, en las calles de Santiago existen lugares adornados con muy buen arte, murales hermosos, pinturas, graffitis, llámense como se llamen, esas murallas nos regalan a diario segundos de reflexión, generan una estimulación positiva al observador y aportan mucho a la cultura urbana de la ciudad.

Cuando estos oasis son tapados por publicidad electoral, no puedo dejar de sentir una rabia enorme, el sentido común queda en 2do plano, la maquinaria aplasta al artista, aplasta al pintor dadivoso que quiso regalar a la sociedad su arte, murales buenísimos destruidos por un “candidato exis y sus buenas intenciones”.

Parece gracioso enrabiarse con la política y el establishment por causa un hecho que para algunos puede ser pequeño, claramente hay otras cosas que podrían generar aún más bronca, éste es sólo un pequeño ejemplo de que estamos haciendo las cosas muy mal.

A todas luces es un descriterio enorme borrar una obra de arte para rayar encima el nombre de un político, eso es clara y absolutamente un asesinato cultural.

Ya es hora que de verdad nos empiecen a molestar estas cosas, la publicidad electoral es basura, basura maligna que engaña y atropella.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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