Gabriel Espinoza: La Nueva Providencia

Por Gabriel Espinoza

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 Los nombres son mucho más que vagas palabras porque representan historia, valores e ideas. El caso de la ex- av. 11 de Septiembre al igual que el Ex-Diego Portales o las monedas con el ángel rompiendo cadenas y alrededor de él “Libertad”, son clásicos ejemplos de palimpsestos. Escrituras que toman lugar donde otra habitó originalmente, dejando huellas de la usurpación que han realizado.

Durante 2004 en Argentina, Nestor Kirchner ordenó el retiro de las imágenes de dictadores del Colegio Militar. En el mismo país, desde 2010, calles, plazas, centros públicos o escuelas no pueden (ni deben) llevar nombres de dictadores o funcionarios de gobiernos de facto. Al igual que en España, donde la “Ley de memoria histórica” en una de sus disposiciones exige el retiro de símbolos franquistas de los edificios y espacios públicos – aunque subsisten más de una veintena de calles con nombres que hacen referencia a Franco – y con ello, las famosas estatuas ecuestres del “Caudillo de España por la gracia de Dios”.

La Decisión de Josefa Errázuriz no es azarosa, capricho ni oportunista; esta residía en sus propuestas como alcaldesa y hace sentido al espíritu de una sociedad civil que busca cambios culturales. Es precisamente el hecho que una dictadura que reconfiguró el mapa económico social, el rol de lo público y lo privado, cometió crímenes de lesa humanidad y estructuró la política por los últimos 40 años, no siga presente.

Es cierto que el cambiar de nombre a una avenida es visto por gran parte de la población como una alegoría, una futilidad sin asidero y tiende a gatillar críticas hacia la irrelevancia de las preocupaciones políticas por sobre “temas reales”. Pero la reconstrucción del ideario nacional en términos políticos y culturales necesita estar bajo una constante interpelación y no eliminar ningún fantasma, sino superarlos y hacer justicia.

El componente ideológico que personas como Pedro Lizana (RN) destacan de manera negativa en el recobrar el nombre original de Av. Nueva Providencia, es la única explicación que tuvo la Junta Militar en 1980 para rebautizar dicha avenida con la fecha que marcó el triunfo de un proyecto político-económico cimentado bajo la violencia y el terrorismo de estado. Periodo histórico que todos los sectores políticos actualmente corean en un unísono “Nunca más”. Y una de las formas de mantenerle a raya es no incluir su victoria en el ideario urbano, dignificando en el día a día la violencia de su imposición.

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