Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Fresquito"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"
Coordenadas

Av. Las Condes 7164, Las Condes

Teléfono: 2-22113635 

No tengo memoria de haber comenzado a comer mariscos muy chico. Estoy pensando en que mi apertura al fruto del mar fue más un gusto adquirido en la adolescencia que me deja un sinsabor de haber perdido muchas grandes oportunidades de sentir, percibir y degustar los productos frescos que nos trae el mar.

Hoy no pierdo oportunidad, no me caeré dos veces en la misma piedra, entre más vivo esté se transforma en más atractivo a mis deseos. Estoy en una etapa experimentativa a fondo con los productos costeros. El encanto de pisar la arena y escuchar el sonido de los botes estacionados sobre las olas, escuchar a las gaviotas mientras los pescadores comienzan a procesar su captura. En otras latitudes los orientales pagan fortunas por un buen trozo de pescado crudo y si visitas sus mercados todo se mueve en pequeñas piscinas. Eso de mirarlo a los ojos (si es que los tiene) antes de servirlo a la mesa, un lujo.

Cuando estoy en la costa la manera más fácil de morder la vida es visitar las caletas. Mencionar los ostiones de Tongoy o erizos recién abiertos en Quintay es sólo un grano de arena de la riqueza marina de nuestro país. Ir de caleta en caleta experimentando Chile debería convertirse en ramo obligado de los colegios y exigirse como un deber moral de cada ciudadano. Probar, probar y volver a probar una y mil veces la energía se transmite, ese efecto imperceptible al ojo humano pero que ataca el cuerpo y la mente de quien consume por ejemplo una docena de ostras.

Como por desgracia no vivo en la playa tengo que buscar. Lo bueno es que hay cosas fáciles de encontrar cerca del hogar en la capital tan frescas como en el mar, Ostras Bilbao es un bolichito que tiene una piscinita con agua salada, un permanente filtrado se preocupa de mantener condiciones óptimas para que sus ostra permanezcan vivas por largo tiempo sin perder ningún tipo de cualidad o característica.

Las medidas son pocas pero la diferencia es notable, soy testarudo en creer que entre más grande mejor y aquí venden una calibre “atómica”. Un vendaval de emociones se gatilla al consumir tan noble bivalvo. No es que no me aguante, puede ser que sí, pero ver cómo el encarga do desconchador realiza un impecable trabajo de apertura me revienta la vena, me pone a sufrir, así que en onda tapeo le pido al maestro que me  tire unas diez, doce o quince, quién sabe, sentir como la sal corre por encima del molusco, tan natural como en su entorno. Quizás medio limón puede ayudar y ahí estará.

Es un lugar sin comodidades pero donde te hacen  sentir muy cómodo, siempre se puede con un par más, si se trata de buscar naturalidad. Aquí se encuentra bastante,  prepárese para una inyección de vitalidad, un reseteo  a la máquina neuronal gracias a la complejidad del alimento. Tienen una lista pegada en la muralla con  los valores y los formatos, pero dejemos claro que una ostra directa del agua a la boca no tiene precio. Personalidades adictivas manténganse alejadas. 

 

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