Columna de Juan Manuel Astorga: "El doble insulto"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

Ocho meses después de haber permanecido cerrada a consecuencia del huracán “Sandy”, ayer se reabrió al público la famosa Estatua de la Libertad. Todo un simbolismo hacerlo justo un 4 de julio, fecha que conmemora la independencia de Estados Unidos. Un ícono que se inauguró más de un siglo después de que los padres fundadores firmaran ese día de 1776 la declaración que establecía la escisión de las 13 colonias del Reino Unido, y el nacimiento del país norteamericano. Una escultura construida en Francia que encarna la emancipación y la libertad que se respira en EEUU. ¿Qué tan libres son realmente? Parece que harto menos de lo que la famosa estatua representa. 

Justo en la semana que celebra su 4 de julio, Estados Unidos vivió el último capítulo de una lamentable saga que tiene al país de América del norte en el centro de las acusaciones por espiar a sus ciudadanos y también a extranjeros, todo lo contrario a la idea de libertad. 

El miércoles pasado, Italia, Francia y Portugal, le negaron permiso al avión del presidente boliviano, Evo Morales, para que hiciera escala a fin de repostar combustible. ¿Por qué? Porque sospechaban que en su interior viajaba como polizón Edward Snowden, uno de los hombres que más ha incomodado al gobierno de Barack Obama en estos años. Hace algunos meses, Snowden le relevó a los diarios The Washington Post y The Guardian, que Estados Unidos cuenta con sendos programas para vigilar masivamente las comunicaciones a nivel mundial. El “soplón” es un antiguo asistente técnico de la CIA de 30 años y que hasta hace muy poco trabajaba para una empresa subcontratada por la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, la NSA. El analista informático, que habló a rostro descubierto, dijo que lo hizo porque quería denunciar los constantes abusos del espionaje masivo que llevan adelante los servicios secretos de su país. En síntesis, puso al descubierto las prácticas irregulares de la NSA que demuestran lo frágil de la privacidad de las comunicaciones digitales. Gigantes de Internet como Google, Facebook y Microsoft brindaron sus bases de datos e información al Gobierno de Barack Obama y lo propio facilitaron las compañías telefónicas. La acusación desató una tormenta mundial. 

Snowden sabía lo que vendría. Por lo mismo, abandonó la tranquilidad de su casa en Hawaii para evitar ser enjuiciado por traición a la patria, delito del que lo quiere acusar EEUU. Después de escapar rumbo a Hong Kong, hoy se encuentra como pasajero en tránsito en el aeropuerto de Moscú. Rusia no puede detenerlo porque técnicamente no ha entrado a territorio nacional, pero tampoco pretende darle asilo. No al menos si sigue revelando información incómoda para Washington. 

De ese mismo aeropuerto moscovita había despegado el miércoles el avión de Evo Morales, quien había participado horas antes en una cumbre de países productores de gas. Bolivia es una de las 20 naciones a las que Snowden les ha pedido asilo. Y aunque hasta ahora ninguna de ellas ha accedido, se ha especulado con la posibilidad de que La Paz se lo conceda. De ahí que se creyó que Morales había sacado a escondidas al informático en su aeronave.

Para evitarse un conflicto con Estados Unidos, Francia, Italia y Portugal le negaron al Presidente Morales el permiso para aterrizar. Su avión, de poca autonomía, necesitaba imperiosamente recargar combustible para seguir rumbo a su país. En palabras del secretario general de la Organización de Estados Americanos, OEA, José Miguel Insulza, “se puso en peligro la vida” del gobernante.

Al margen de tratarse de una sospecha completamente infundada, el insultante trato que se le dio al dignatario raya en lo racista. Bien se sabe que a presidentes de otros lados del mundo jamás se les haría semejante desaire. Un argumento extra para que todos los países latinoamericanos, incluyendo Chile, se paren detrás de Bolivia exigiendo una explicación que hasta ahora nadie ha dado realmente. 

A ese insulto a Latinoamérica -no puede ser mirado de otra forma-, se agrega otro igualmente grave. Hasta ahora la controversia de todo este caso ha girado en torno a Snowden, el asilo y el caso que afectó a Evo. Ningún país se ha querido meter con todo en el fondo del asunto, cual es, que Estados Unidos nos tiene vigilados incluso más de lo que ya lo sospechábamos.  

Aunque los países europeos formalizaron un reclamo por la manera en que EEUU revisa las comunicaciones, su negativa de querer asilar al técnico que destapó esta alcantarilla confirma que están enojados, pero no al punto de querer comprarse una pelea con los norteamericanos. 

Mientras Estados Unidos se hace el desentendido con el episodio que afectó al dignatario de Bolivia y acusa a Snowden de ser un espía, nada dice sobre por qué ellos nos espiaban a todo el resto de nosotros. Un doble insulto desde la tierra que vende en poleras y chapitas su discurso de libertad, el mismo que simboliza la estatua y su antorcha. Una llama claramente incapaz de poder iluminarnos sobre esas cosas que Estados Unidos hace a oscuras. Las mismas que Snowden sacó a la luz.

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