Columna de libros: Niños en vacaciones

Por Por Alida Mayne-Nicholls Verdi

Tal vez los libros no son la primera idea que uno tiene para las vacaciones de invierno de los hijos. Pero por qué no, a mí me parece que los libros son de toda estación, de toda etapa, de todo momento. Y estas vacaciones invernales son una instancia para descubrir que uno puede viajar a través de las historias, conocer nueva gente o bien usarlos como fuente de ideas.
Leí esta semana Marte y las princesas voladoras, una hermosa historia de la mexicana María Baranda. Es un libro pequeño de la colección “A la orilla del viento” del Fondo de Cultura Económica, y dedicado a los primeros lectores. Lorna es una pequeña niña en cuya perspectiva conocemos a Mosi, su hermana, una niña diferente: “cuando todos decimos derecha, ella se va para el otro lado; si le explicas que algo está caliente, Mosi cree que en realidad está frío, como pasa con el agua de la regadera o con los pasteles que a veces hacemos” (10-11).
No sabemos exactamente qué es lo que tiene Mosi, pero a través de su hermana sí vamos conociendo qué la hace especial. Al evadir explicaciones científicas o racionales, la autora logra hablarnos realmente de Mosi, sin etiquetas ni estereotipos. El lenguaje es poético, delicado, dulce. Lorna no se engaña al ver a su hermana, sino que logra apreciarla como otros no pueden. Es un libro hermoso, completado por las ilustraciones de la española Elena Odriozola, que configuran también ese texto delicado que es Marte y las princesas voladoras.
La otra idea para estas vacaciones es diferente. Mi libro de todas las cosas, de Amalia Torres y Paula Leighton. Es un libro práctico, con ideas para que hagan los niños, ya sea solos –cuando son más grandes- o con la ayuda de los papás, cuando son más pequeños. El libro propone actividades en los siguientes ámbitos: huerta y jardín; en la cocina; fábrica de juguetes; botiquín natural; y reciclar y reutilizar. Las instrucciones se entienden fácilmente y, además, como objeto es atractivo, con ilustraciones y un uso creativo del espacio de la hoja.
Yo llevé a la práctica una de las ideas, los queques de chocolate. La receta era muy simple y, en realidad, no me tomó más de cinco minutos tener lista la mezcla de los quequitos. El libro propone siempre el uso del horno microondas, imagino porque sería más seguro para los niños, pero como yo no tengo, los hice en horno convencional y resultaron muy bien. Me encantó la idea de las bombas de semillas, bolitas de greda con semillas y compost dentro, que los niños puedes arrojar a lugares sin plantas, pero que reciban de alguna manera agua. ¿No sería hermoso que los niños –y los adultos también- repartieran estas bombas por la ciudad para hacerla más verde?

Baranda, María. Marte y las princesas voladoras. México: Fondo de Cultura Económica, 2011.
Torres, Amalia y Paula Leighton. Mi libro de todas las cosas. (Ideas para sembrar, comer y ensuciarse). Santiago: Lom Ediciones, 2013.

 

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