Columna de Juan Manuel Astorga: "Búsqueda Frenética"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

Queda exactamente un mes para que se cumpla el plazo de inscripción de las candidaturas presidenciales. Un mes. Ese tiempo es insuficiente para que la Alianza por Chile pueda organizar, promover y realizar primarias para definir el nombre del postulante que reemplace a Pablo Longueira, quien declinó seguir en carrera por un cuadro de depresión.   

La actual ley que rige la elección de primarias establece que si el candidato ganador de un determinado pacto renuncia, el escenario queda abierto para que los partidos que participaron del proceso definan cuál es su mejor estrategia. Y en eso están.

Asimilando todavía el golpe que representó la abrupta salida de Longueira, la UDI intenta concentrarse en cómo hacer valer que, tras haber triunfado frente a Renovación Nacional el pasado 30 de junio, ellos tienen una opción preferente de elegir al aspirante que encabece la candidatura de la centro derecha. 

Como la ley dice que todas las posibilidades quedan abiertas, en Renovación Nacional consideran que también tienen el derecho de sugerir nombres. El dilema es que, o se ponen de acuerdo o van por separado hasta la primera vuelta. No alcanzan a definir al candidato mediante una elección, lo que evitaría una disputa entre ambos partidos por imponer su propio nombre.

En la UDI no hay interés en respaldar a Andrés Allamand, el contrincante que perdió frente a Longueira, porque no lo consideran un candidato de unidad. No le jugó a favor su actitud la noche de las primarias, donde hizo un discurso destacando su propio triunfo en los sectores populares y negándose a aparecer públicamente con Longueira. Allamand no sólo está distanciado de la UDI, sino que de La Moneda, donde hay molestia con él por haber culpado en privado al Presidente Sebastián Piñera de su derrota, porque dice que no lo apoyó.

Otro ex candidato de la Alianza volvió a reflotar tras la bajada de Pablo Longueira: Laurence Golborne. Pero su nombre también complica a la Alianza. Su candidatura fue bajada por la UDI luego de dos ruidosas controversias que dieron justo en la línea de flotación de su campaña. La primera fue un fallo de la Corte Suprema que condenó a Cencosud por haber repactado unilateralmente las comisiones de la tarjeta “Jumbo Más” el 2006, justo cuando Golborne era gerente general de la empresa. La segunda polémica derivó de una revelación según la cual el candidato no fue todo lo preciso cuando declaró su patrimonio siendo ministro, exponiendo públicamente dineros suyos manejados en las Islas Vírgenes. Los dos elementos que generaron la caída de su candidatura siguen siendo argumentos para considerar que su postulación está cuestionada. Aún así, si la UDI lo reflota, a RN se le complica respaldarlo porque Allamand, quien fue su contrincante dentro de la Alianza, lo cuestionó en varias oportunidades, abollando su campaña hasta hundirla.

A esos dos nombres se suman varios otros, casi de permanente mención cada vez que se discute sobre cartas presidenciales: los UDI Evelyn Matthei y Joaquín Lavín y los RN, Lily Pérez y Manuel José Ossandón. 

En la UDI saben que no pueden equivocarse por tercera vez. Quizás por lo mismo es que el nombre de Andrés Chadwick, una figura que podría generar unidad dentro del sector, es descartado por algunos ante el temor de que se le cuestione que también sufrió de depresión.

Que cada partido vaya por separado a primera vuelta no aparece como la idea más sensata. El riesgo de que se diluyan los votos podría provocar que esos candidatos, que tendrían menos de cuatro meses para hacer campaña, lleguen tercero y cuarto, detrás de Michelle Bachelet y Marco Enríquez o incluso Franco Parisi. Ese resultado sería catastrófico para ambas colectividades.  

Buscar un candidato de consenso también tiene riesgos. En las negociaciones para dar con un nombre común pueden salir muchos trapos al sol, lo que en la práctica anularía la imagen de unidad que quieren proyectar. Es más, el hecho de que el Presidente Sebastián Piñera esté haciendo un llamado a la unidad, confirma implícitamente que no la hay. Una realidad que quedó reflejada después de las disputas sobre la reforma al sistema binominal, con ambos partidos presentando proyectos por separado. 

Queda un mes para elegir si llevan uno o dos candidatos. En un mes no se superarán las históricas diferencias entre ambos partidos ni tampoco se habrá superado el dolor y preocupación que genera la actual condición personal de Longueira. Pero en política, un mes es demasiado tiempo para perderlo en definiciones. Mientras antes, mejor.

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