Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Máquina"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"
Coordenadas

Mestizo, Av. Bicentenario 4050, Vitacura.

Teléfono: 9-74776093 

Entre frío y frío sale su veranito de San Juan. Es la oportunidad de despercudir los huesos y salir a caminar. Hace un par de semanas salimos en coche, al de mi bebé me refiero. Le encanta subirse a su vehículo no motorizado de tracción animal (quien escribe) y apreciar el paisaje, ver a la gente  y a los perros pasar. Salimos al parque Bicentenario un domingo por la mañana a refrescar la piel, a “tomar aire” habría dicho mi abuela, distintos senderos te llevan por dentro o perimetralmente a descubrir el parque, esta explanada inservible por un montón de años que se trans- formó en uno de los puntos capitalinos más concurridos para paseos de fin de semana.

Los perros ladran y los niños disfrutan sus bicicletas mientras nosotros a pie firme nos encaminamos hacia el sector más oriental del predio. Cuando se comienzan a ver los flamencos rosados y los cisnes de cuello negro en la laguna ya sabemos que estamos a pocos metros de Mestizo.

Este lugar ya tiene un puñadito de años funcionando como punto ancla de la gastronomía del parque. Desgraciadamente no lo había visitado, no porque no quisiese, sino porque el destino no me lo permitía. Invitaciones no me faltaron, pero con eso de que las estrellas a veces no se alinean nunca habíamos cerrado cita.

El emplazamiento del restaurante es extraordinario, posicionado en un pequeño alto la vista desde los salones hacia el parque es apoteósica. La arquitectura es otro intangible lleno de puntos altos, el uso combinado de madera, piedra y metal en proporciones justas e intervenciones muy acertadas hacen del recinto un multifocal de ideas de diseños bien combinadas para el beneficio del cliente. Pero, sin duda alguna, esa larga cocina a la vista donde una cuadrilla de diez cocineros se rompen el lomo de forma silenciosa para atender a los 180 comensales que abarrotan el comedor y la terraza, atrapa. No quiero desmerecer la vista al parque, pero es mucho más entretenido ver cómo una experta cocinera comanda la producción y salida de los platos en conjunto con un jefe de sala con armonioso ritmo.

Partimos con Campari y  jugo de naranja para saciar la sed provocada por la caminata. Nos atendieron súper bien y me encantó la carta, está súper dirigida al extranjero que quiere probar algo criollo y tiene algunos platos que bien vale la pena testear.

Mientras el infante dormía en su coche nos trajeron la comida, mi mujer pidió una entraña que llegó sobre una plancha caliente con algo de  chimichurri, un corte sabroso y blando. Yo me arriesgué con el pulpo que me llamó  la atención desde el primer  momento, blando y bien dorado, marinado en ají panca y sobre un terso puré de papa, muy rico y de buen tamaño, ideal para la copa de tinto joven que pedí para suavizar el almuerzo.

De postre compartimos un cremoso de chocolate con salsa de maracuyá, un cierre redondo para una excursión en el mestizaje del parque Bicentenario, imbatible como  recomendado en el futuro próximo, firme  en esa  cruzada  para que la gente coma quínoa y mote.  

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