Columna de libros: American Visa, enredos del yo

La primera parte de American Visa de Marcelo Rioseco engaña un poco. Tiene que ver con el protagonista, Marcelo, a quien todos llaman Marce, y que en primera persona nos relata lo feliz que es con su gringa Kimberly con quien partirá a Estados Unidos a hacer un posgrado. Marcelo es un sujeto que tiene las cosas claras, a veces tan claras que llega a ser insufrible de verborrea y declaraciones clichés. Digo que el libro engaña, porque Marce irá despojándose de clichés y seguridad a lo largo del libro, que es también un viaje, un viaje por Estados Unidos, pero también un periplo para despojarse de frases hechas, estereotipos y convencimientos, de lecciones aprendidas viendo televisión, en vez de dejarse llevar por la experiencia..

A la larga, lo que parece un texto centrado en un tipo que sueña con estudiar en un país que en realidad aborrece, se convierte en un libro divertido y con algunas críticas al sistema académico. Asimismo lo que parece un libro formal y establecido, se convierte en una narración que se burla de sí misma, que no se toma en serio. De hecho, no podemos estar seguros ni del propio narrador, porque cada vez que aparece su yo iremos descubriendo que a veces se trata de él y otras de su amigo Simón, quien no solo corrige la ortografía del texto, sino que ha tratado de apropiárselo; incluso la novia estadounidense de Simón mete su mano por ahí, dejándonos un texto en que el yo no solo es claramente una ficción –a pesar de que intentemos unir al Marcelo narrador con el Marcelo escritor-, sino un juego.

Así nos encontramos con ejemplos como el siguiente: “Amanda quería que pusiéramos [en el libro] un polvo de ella con Simón o, mejor aún, una escena lésbica entre ella y Jennifer. Decía que si la hacíamos medio porno iba a vender más. ¿Vender a quién? Simón no descartó la posibilidad, porque él siempre fue medio inclinado a los gustos perversos. Nota a pie de página: esta frase la escribió él mismo para hacerse el poeta y ganar publicidad” (219).

Paralelamente a los juegos narrativos, nos encontramos con una historia de desamor, otra de encuentro consigo mismo, y la sorpresa de un personaje muy secundario que aterriza en la vida del protagonista remeciéndola hasta la liberación: del yo, de Estados Unidos, de las formas y las expectativas. Reconozco que en más de una oportunidad he dejado de lado un libro cuando sus primeras páginas me han sido insatisfactorias –o de plano imposibles de leer-, pero en este caso, hay que darle una oportunidad, porque ese Marce que se las sabe todas y da discursos que uno no le ha pedido, no es más que parte del personaje, y no un problema de la narración.

Rioseco, Marcelo. American Visa. Santiago: Random House Mondadori, 2013.