Alejandra Toro: ¿Es mejor vivir con un perro o con un gato?

Por Alejandra Toro

“Si quieres escribir en la sección Yo Opino envía tu columna a [email protected] con el asunto YO OPINO. Puedes tratar cualquier tema que sea de tu interés. Además del texto debes enviar una foto y descripción tuya. Y ojalá una cuenta de Twitter”

La semana pasada vimos en todas partes el video del soldado estadounidense que volvía a su casa luego de una misión de seis meses y era recibido cariñosa y efusivamente por su perro. Era una alegría tan potente y avasalladora que no conozco a nadie que no se haya enternecido con la historia. Días después un humorista creó una parodia imaginándose la misma situación con un gato y la diferencia no se hizo esperar: en vez de salir a recibir a su amo el minino lo miró con indiferencia y hasta se dio el lujo de bostezar y mirar hacia otro lado, dejando al hombre con la sensación de que su regreso tenía cero relevancia.

El video es divertido y cualquier dueño de un gato puede asegurar que tiene algo de razón. Digo “algo” porque quienes vivimos con ellos sabemos que más allá de los típicos prejuicios de que son veleidosos o nunca te querrán incondicionalmente como los perros, sí es posible establecer con estos animales una relación de cariño, respeto y amistad.

Lo primero que hay que saber antes de adoptar un gato es que hay una parte de su vida a la que nunca podrás tener acceso. Por más que esterilices y acostumbres a tu mascota a vivir dentro de la casa creyendo que es “realmente doméstico” , su naturaleza vagabunda los impulsará a pasar mucho ratos solos mirando al horizonte algo que sólo ellos saben que es, recorrer los techos y perderse en las alturas mientras uno se pregunta desesperado qué les habrá pasado para que horas después regresen como si nada.

Los gatos nos quieren, pero también les gusta mantener un mundo privado. Si hay algo que se puede aprender viviendo con ellos –y aplicarlo incluso a las relaciones humanas- es saber respetar el tiempo de los demás, estar dispuesto a dejar ir, comprender que cada uno de nosotros necesita espacio para estar solos, pensar y recargar energías. Mientras los perros nos enseñan a expresar lo que sentimos, saltar de felicidad y estar disponibles siempre con una sonrisa, los gatos nos dicen que nos templemos, que a veces es bueno decir que no, que primero debemos satisfacer nuestras propias necesidades para así sentirnos renovados y ser un aporte para el resto.

¿Así que quién es mejor mascota? ¿Un gato o un perro? No hay respuesta, ambos son igualmente valiosos y ninguno es mejor que otro, simplemente son diferentes y la práctica demuestra que viviendo juntos ambos se pueden llevar muy bien.

Y claro, es muy posible que los gatos no salgan corriendo a recibirnos cuando llegamos cansados en la noche ni saltarán de alegría a nuestro alrededor. Es muy factible en cambio que en un principio sólo les importemos como humano proveedor de comida y agua. Lo bueno viene después, cuando nos sentamos a ver TV o leer un libro y llegan a nuestro lado para acompañarnos porque realmente quieren estar ahí.

El escritor Derek Bruce dijo una vez que “para mantener una verdadera perspectiva de lo que valemos, todos deberíamos tener un perro que nos adore y un gato que nos ignore” . Yo creo que no puede existir una frase más certera que esa.

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