Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Palacio"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"
Coordenadas

Alegre, Calle Montealegre 149, Valparaiso

Teléfono: 32-3277700 

Visitar el puerto siempre es grato sobre todo en un día soleado de este invierno seco, si además le agregamos un tour por el plano visitando microcervecerías es una gozada que se disfruta a concho. Los antiguos galpones portuarios se convierten en pequeñas abadías con mucha malta y lúpulo, un paseo guiado por un conocedor del brebaje  que debería tener precio para gringos.

Media mañana anduvimos en onda cebada y fermenta- ción descubriendo lo mágico del proceso productivo de las cervezas, por lo que pasado el mediodía dejamos de hablar de líquidos y nos pusimos a pensar dónde almorzar. Nuestro guía y amigo nos sugirió visitar el renovado Palacio Astoreca en el paseo Yugoslavo, un rescate patrimonial asombroso por sus instalaciones, hotel, spa y el restauran- te Alegre que nos recibió en la tranquilidad de un salón vacío donde sólo sonaban nuestras voces e imperaba la vista al puerto con el brillo del mar.

El lugar se contradice tanto con la arquitectura victoriana exterior. Un salón minimalista de tonos grises y arquitectura moderna en servicios y cocina, todo bien logrado en ese sentido, cuentan con una cava de vinos donde tú mismo puedes bajar una intrincada  escalera caracol y seleccionar tu botella, pero como andábamos onda cerveza pedimos una local.

La carta es bien coherente con el interior, modernísima y muy de la escuela del Bulli ya que su jefe de cocina es un español con experiencia en los fogones de Ferrán Adrià. Para partir, para entretenerte hay una trilogía de abrebocas muy elaborados sobre todo en presentación. Arrancamos con una teja de parmesano y pesto, la seguía una lata con jurel fresco y verduras encurtidas  en vinagre, uno de los puntos altos del almuerzo, el tercer tiempo de estas cortesías era un pequeño cuenco con su interpretación del pastel de choclo, paté con frutos secos y una espuma de choclo tostada, calentito se agradece.

De los principales dos pescados y una carne, sierra ahumada en madera de eucalipto con crujiente de pulpo muy sabrosa, mi mero con ñoquis de brandada y un repollo guisado algo mezquino en porción y falto de sazón y el que más nos gustó fue  una preparación de cordero estofado muy lindo, apetitoso y sabroso.

Pedimos dos postres para compartir, una ración de churros con chocolate que reinterpretado se presentaba con un casquillo de chocolate relleno de salsa y espuma con las masas en plato aparte y el que nos pareció más innovador era una “mozarela” de yogurt, el lácteo envuelto en una membrana de leche (algo como una nata) adoptaba la forma de un bolón del famoso queso italiano dejándonos atónitos por la presentación.

Para cerrar con el café llega un árbol de cobre a la mesa con dulces, otro de los puntos altos del servicio,
una sorpresa atractiva y buena onda. Hay que darse un tiempo para ir al cerro, tienen menú degustación en dos modalidades y seguro vale la pena para conocer todo el concepto gastronómico, como buenos discípulos de Adrià aquí hay mucha espuma, gel, crujientes y aires, no se sorprenda si su plato no es lo que parece, sonría, mire por la ventana y disfrute de la vista que ofrece una de las casonas más importantes del patrimonio arquitectónico de Valparaíso, todo un lujo. 

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