Golborne: “Espero que la política no me endurezca el corazón”

En plena feria el candidato a senador por Santiago Oriente se entera que la encuesta del CEP lo deja como el mejor evaluado de su sector. Los números demuestran que a pesar de las controversias mantiene su carisma intacto.

Por Felipe Saleh

Eduardo Angel / Publimetro

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Estamos en la esquina de Tobalaba y Ramón Carnicer, en Peñalolén. Hay feria y Laurence Golborne está en campaña. Eso significa que recorre la calle poblada de mercadería en el piso saludando a la gente. “Hola soy Laurence Golborne, candidato a senador. Cuento contigo en noviembre” dice una y otra vez. Podría ser un rito mecánico, pero es imposible. El candidato se detiene y conversa medio minuto con cada uno, un par de minutos si el tema es más largo. Contesta las invitaciones de una señora que grita “¡ven a rescatarme de mi marido!”; responde los insultos a los políticos que lanza otra vecina molesta por la aglomeración de gente, y también a un hombre que le pide plata.
Golborne es el actor de esa película donde rescatan a 33 mineros y que toda esta gente vio por entregas en televisión. Cuesta caminar a buen paso a su lado. Lo detienen a cada rato, y en pequeños grupos. Le dicen que se ve más joven que en la tele, mucho más flaco, y si preguntamos, dicen que es confiable “por lo que hizo con los mineros”. Así de simple.
El candidato lo explica: “Es un gran capital humano, la gente vio en ese evento que a mí las personas me importan, que no me es indiferente un compatriota que lo está pasando mal. Espero no perderlo, espero que la política no me endurezca el corazón y trabajar para lo que vengo al servicio público”.
Nadie ha visto el otro capítulo, ese de intriga financiera que le costó la candidatura a la Presidencia. De hecho, un par de señoras confiesa “yo lo quería de presidente” o “usted me gusta desde el principio” y él contesta.
Golborne está vestido con una chaqueta roja como la de su época de ministro. En la comitiva andan un par de fotógrafos con camiseta azul. Entre los dos sacan unas 400 polaroids diarias, que regalan a la gente que se lleva un retrato con el candidato.
Más atrás, discreta, pero activa cuando hay que escuchar, camina su esposa Karin Oppermann. Vestida con la chaqueta corporativa y jeans como una más de los brigadistas que reparten pulseritas bordadas.
Este día ha sido largo. Antes de acá, Golborne y José Antonio Kast han estado en un desayuno con vecinas entusiastas que bailaron con un imitador de Juan Gabriel. Pero toma un rumbo inesperado. Cuando el candidato llega al final de la feria, uno de sus asesores le muestra el resultado de la encuesta CEP que lo muestra como el político mejor evaluado de su sector. ¿Habrá sido un error sacarlo de la presidencial? le preguntamos. “Me siento halagado y muy satisfecho, es una prueba que vamos por buen camino. No soy de quedarme pegado y enrostrar responsabilidades a nadie”, explica tranquilo. Sabiendo qué pasa con el que ríe último.

 

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