Eduardo Hernández: Querer o necesitar

Por Eduardo Hernández

Los Rolling Stones tienen una canción muy buena. Se llama “You can’t always get what you want” (no siempre puedes tener lo que quieres), y dentro de sus líricas de fines de los sesentas contiene una verdad absoluta: es imposible obtener todo lo que quieres, pero a veces consigues lo que necesitas.
En la generación exitista de la que somos parte, el lograr todas tus metas y conseguir todo lo que quieres es sinónimo de triunfo. Por lo mismo, la mayoría de nosotros nos vemos prácticamente obligados, por la sociedad o nuestra propia voluntad, a llegar a este anhelado éxito. Llegar a la cima es el objetivo.
Pero, ¿qué es el éxito? ¿Cuándo sabemos que lo hemos alcanzado? Es un término tan ambiguo y subjetivo que a muchos les toma toda su vida perseguirlo para conseguirlo, sin nunca sentir realmente que lo alcanzaron. Lo que no le enseñan a nadie es que nuestras metas y objetivos van cambiando a lo largo de nuestra vida. La madurez y las circunstancias van moldeando nuestros deseos, haciendo a veces que lo que queríamos con fervor hace algún tiempo atrás se vea como una estupidez ahora.
Esta tendencia de perseguir “lo que queremos” no sólo se lleva al plano de realización profesional, vocacional, académica o financiera. Nuestra vida personal también se ve invadida por estos deseos de triunfo. Rodearnos de gente de sólo cierta clase social, nivel económico o intelectual; establecer relaciones sentimentales exclusivamente con personas ideales en términos físicos, o simplemente esperar alcanzar un nivel de superioridad de algún tipo frente a los demás; son tentaciones en las que muchos caen.
La vida se puede planificar y es muy beneficioso trazarnos metas para tener un sentido, un objetivo. Pero, al igual que todas las cosas, la vida va cambiando con nosotros y a medida que la recorremos podemos encontrar nuevas metas en el camino que nos den mucho más de lo que esperábamos alcanzar con las anteriores. El secreto está en ser flexibles y receptivos frente a estas nuevas oportunidades. Nuestra felicidad no depende de tener o lograr todo lo que queremos, si no en agradecer y disfrutar de vez en cuándo también de lo que nos hace bien. Al final, ¿quién necesita el “éxito” cuándo tiene todo lo que necesita?

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