Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Típico"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"
Coordenadas

Darío, Ruta 5 Sur km 39, Buin Teléfono: 2-28213456

Celebramos la independencia de nuestra patria cada día y a cada segundo mientras el calendario diga septiembre. Se viene la locura por parrillar por el sólo hecho de convocar. La chilenidad se pone a flor de piel y mientras las banderas se airean las tinajas empiezan a entregar su chicha, brebaje que pacientemente aguarda ser consumido como personaje ilustre de las fiestas dieciocheras.

Ya vi volantines cortados con una parvada de niños corriendo tras ellos, en la cocina ya hicieron empanadas en tanto en la radio sólo suenan cuecas online. Espero nunca terminar de sorprenderme con este fenómeno que es paralelo al comienzo de la primavera y su respectivo equinoccio, estoy convencido de que hay un flujo de energía, ya la gente se soltó el cinturón y se relajó pensando en un azote de diez días, los más afortunados.

Pa’ no bajar del verso criollo me fui a dar una vuelta a la Sexta Región, zona campesina que dibuja en mi cabeza mucha fruta y picadas de carretera. Cuánto camionero hábil explorador recorre la Panamericana de norte a sur
no sólo queriendo hacer viajes diligentes sino que prioritario es el dónde alimentarse. El Darío lleva un montón de años ahí en Buin, a un costado del camino ofrece parrilladas como cabeza de cartel y sobre él una chupalla huasa bien acampada.

Lo más divertido y sabroso fue que llegamos y nos invitan un ponchecito, nos advierten “el dueño y el restaurante celebran su cumpleaños”. Qué noticia más agradable, por eso tanto aparataje advertimos: tenían una buena amplificación y en los jardines un esquinazo de cuequeros daba vida al baile nacional mientras el homenajeado recibía a sus invitados. Con tanto cariño patrio me bajó la sed de un ícono, no me refiero a un vino, me pedí un vaso de terremoto con un pipeño bien rico, súper cumplidor servido con helado y un chorrito de licor. Mientras me saboreaba el fino brebaje seguían las cortesías y nos trajeron empanadas de queso para hacerle el aguante a los principales. Por fin llegó el momento y a nuestra mesa arribaron una plateada en cuenco de greda y una mechada con lindos trozos de zanahoria incrustada, las carnes suculentas y blandas, papas fritas caseras con ese “qué sé yo” de la fritura imperfecta y ensaladas frescas obvio que de la zona. Afuera seguía la fiesta y cantaba el “Pollo” José Alfredo Fuentes, bajo la tonada de “Te perdí” nos dábamos el gusto de almorzar en una picada con teja de arcilla y ventanales de mampara, ese sabor campesino que te entra por los ojos cuando de los muros cuelgan recuerdos de un pasado generoso.

Espuelas y banderitas decoran el lugar, tomamos café y seguíamos contentos entre copihues y pan amasado. Por favor dejemos que septiembre se distienda y nos envuelva en tradiciones y sabores propios de nuestra tierra.

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