La columna vertebral de Avello: "Vuelven los clásicos"

Por Felipe Avello

Salí del colegio en 1991, hace ya 22 años. Nunca he vuelto a ver a mis compañeros de curso, nunca he ido a las reuniones que hacen, aunque me llegan los emails con las invitaciones grupales, pero no las contesto.

No he ido a estas fiestas de nostalgia porque sería como estar con desconocidos, además no era QUERIDO. Ahora me dispongo a ver la fotos de la última junta. Ojalá se vean igual o peor que en la de la reunión anterior. Canosos, con rosácea, feos, como apoderados.

Pensándolo bien, en nuestra época para seducir al sexo opuesto había que ser bien valiente, pedir el número de teléfono. Yo anotaba en un papel, llamaba, esperaba, contestaba, valiente… no como los cobardes de ahora, por Whatsapp. “Estas?” ponen ahora. Un avance, un piropo, un intento de acercamiento y “jajajaja” después, cobarde, sin riesgos.

Igual yo estoy vigente. Aunque me gustaría volver al pasado, pero como soy ahora. Me iría excelente, al fin encontré el corte de pelo que le va a mi forma de cabeza y cara, tengo tatuajes, y buena situación económica, Y si a eso le sumamos un trabajo divertido, cierta figuración en los medios, más de 400 mil seguidores en Twitter, tenemos a una persona segura a la que le iría excelente en el mercado femenino. Y ahora más encima que ando con mi Levitra 20 mg en la guantera, más seguro todavía.

En la actualidad me gustan todo tipo de mujeres. Las que inclusos son consideradas no bellas por la mayoría de las personas, a mí me gustan. Pero las que más me despiertan morbo son, sin duda, las mujeres musculosas. Me llaman mucho la atención; con traseros de caballo, espaldas de hombre, senos chicos, pectoral hinchado. Una vez estuve con un ejemplar así. Yo tenía 22 años y poca experiencia.

Ella era físiculturista, no era fitness, que es una categoría de mujeres de cuerpo trabajado, pero no con tanta masa muscular. No, mi amiga de Talcahuano practicaba el culturismo. Tenía unos muslos inmensos, las patitas cortas y era de rasgos indígenas. Esto fue el año 1996 y lo recuerdo con un año excelente.

Estuve varios años sin tomar, y no me hizo bien, porque me puse muy estructurado y yo, por formación, tengo tendencia a ser esquemático y cuadrado y eso no me hace bien. Ahora volví a los destilados, sobre todo al vodka, y me siento perfecto. Consumo moderado y sin manejar, por supuesto.

Este año empezé a trabajar en La Red, en la mañana soy compañero de la hermosa Paola Camaggi y por la noches de la estupendísima Macarena Ramis. Son lo mejor de mi cambio. Me siento manejando un Mazda Miata del 89, un Chevy Nova del 87. Están impecables eso sí, bien de latas y chasis. Volvieron los clásicos. Sólo me falta Julissa del Pino.

Y ahora triste: cuando falleció Felipe Camiroaga, no lloré, pero me dio mucha pena. Lo conocía, pero no era su amigo, aunque podía haberlo sido, y de “Huevito” Sagüés también. Del “Kiwi” creo que no. La verdad me dio pena su partida, pero no sentí dolor, porque el año anterior había fallecido mi hermano, digo fallecido porque muerto es muy duro de decir. Y ahí sí que lloré, sentí pena y dolor.

Y para finalizar, alguien que me gustaría ser, sería Benjamin Vicuña.

 
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