Columna de Katherine Urrutia: La vida es frágil y finita

Por Katherine Urrutia

La semana que pasó y en conmemoración a un nuevo aniversario de la tragedia de Juan Fernández, escribí con respecto a la muerte y lo mal preparados que estamos con el tema. Por azares del destino, la misma semana perdimos a un  amigo de infancia de mi esposo y del grupo de amigos, en una tragedia automovilística que jamás debió haber ocurrido, confirmando lo expuesto en la columna. No estamos preparados para la muerte, menos la que llega bruscamente.

¿Por qué nadie puede morir en accidentes? Porque un accidente es una mezcla de automatización de la vida que invalida su esencia frágil y finita; alguien que prioriza la rutina, como manejar o caminar, sin fijarse que la mecanización de sus hechos, anestesia los sentidos dando paso al error. Ese error que justo en ese momento y lugar cambia radicalmente todo.

Atrás quedaron las pichangas de barrio, el trompo, los monitos, estirarse los dedos para lograr una chita, correr como si nada importada para llegar primero al volantín cortado; las fiestas, los paseos, el compartir una sonrisa, palabras con sentido o hablar simplemente de cosas sin importancia. Cada cual toma su rumbo, hace familia y se distancian esos vínculos, los mismos que duelen al saber de una perdida como esta.

Fueron preciosos los momentos de la despedida con ese padre de tanta entereza y fuerza; Lisandro que viajó distancias para poder llegar; Mochi con un relato futbolístico de gloria celestial que nos sacó lagrimas a todos; los compañeros de trabajo y ese homenaje conmovedor; Carlos que se convirtió en “corazones serví” para ayudar a detener el transito; Carola y Alvarito que ahora tendrán la amarga misión de vivir sin ti y todos los que aún no podemos comprender esa abrupta partida.

Edson Rocha te fuiste quizás sin notarlo, rápido y de golpe. Casi tan intensa fue tú partida como tú vida. Hoy te extrañamos los que recordamos esa sonrisa espontanea y alegría infinita. La pichanga te esperará eternamente al igual que tú familia y amigos.

Tenemos momentos para reír, reflexionar y pensar. Siempre doy un consejo al finalizar las columnas, quizás ahora, mi momento es simplemente llorar.

 

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