Alejandra Toro: ¿Cuál es el problema con los zapatos rojos?

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Por Alejandra Toro

Son lindos y llamativos, pero al mismo tiempo, vulgares y tentadores. Tengo tres ejemplos bien elocuentes: “El mago de oz”, el cuento “Los zapatos rojos” de Andersen y la película “Río sin retorno” de Marilyn Monroe. Y debe haber varios más.

El caso más emblemático que se le viene a la cabeza a todo el mundo son los brillantes zapatos de Dorothy en la película “El mago de oz”. Aclaro que sólo en la película porque en el cuento original eran plateados. Fueron cambiados a un rojo furioso en la adaptación cinematográfica para aprovechar las ventajas del Technicolor, que en 1939 estaba recién empezando y pensaron que usando un tono así todo se destacaría aún más. Esa es una razón -poderosa por cierto-, pero no la única para optar por el rojo: el par de zapatos que la bruja buena del Norte le regala a Dorothy con la advertencia de que no debe apartarse del camino amarillo y nunca jamás quitárselos representan lo oscuro y secreto que hay en ella versus la ingenuidad y la inocencia de la niña, que corre un serio peligro de ser corrompida y también de perder su virginidad.

Después de enfrentar su destino y aprender de sus errores, Dorothy hace chocar los talones de sus zapatitos rojos y puede volver a casa para darse cuenta de que no hay mejor lugar que el hogar, aunque sea algo sucio, polvoriento y en tonos sepia. En serio, todas las escenas de la película son a color excepto el principio y el final cuando está en Kansas junto a sus tíos y Toto.

Un ejemplo aún más terrible es el de un cuento del autor Hans Christian Andersen  (el mismo de “La sirenita” y “El patito feo”)   llamado precisamente “Los zapatos rojos”. La protagonista es Karen, una niña pobre adoptada por una anciana con plata que le da una vida mejor. Karen enloquece con los vestidos y los accesorios bonitos y por eso cuando llega el día de su Confirmación, no la piensa dos veces y va a la iglesia con unos zapatos rojos y brillantes que todos miran mal, porque no es lugar apropiado para andar llamando la atención. Nada de esto le importa a la niña hasta que, por culpa de un hechizo, se ve obligada a bailar sin parar y no poder sacarse nunca los zapatos rojos. Pasan los días, muere la anciana y ella sigue condenada hasta que se da cuenta de que la única forma de librarse es pidiéndole a un leñador que le corte los pies con un hacha para librarse de la nefasta influencia de los zapatos  (es bien gore esto ahora que lo pienso, no me daba cuenta cuando era niña y lo leía en el colegio) .

Luego Karen queda invalida, le fabrican unas muletas y vuelve a la iglesia para que todos la reciban con alegría ahora que se redimió. La moraleja no puede ser más clara en esta historia: usa zapatos rojos e irás directo al infierno; deshazte de ellos -a cualquier costo-, y quizás puedas ser perdonada, no sin antes sufrir una sanción fuerte y severa, porque no basta con el arrepentimiento.

Otro caso de zapatos rojos pecaminosos es el de la película “River of no return” de 1954 protagonizada por Marilyn Monroe y Robert Mitchum. Es un western donde Marilyn personifica a una cantante de salón sexy y voluptuosa que se escapa con su novio -un estafador que inspira cero confianza-, en busca de un cambio de vida. Viajan en balsa a través del río, pero la corriente hace que lo pierdan todo. Marilyn  (Kay en este caso) , se queda con lo puesto y lo único que alcanza a salvar es una bolsa de tela con sus zapatos rojos, recuerdo de su vida como cantante. Más adelante pasan varias cosas, se va el pololo, ella se encuentra con un ex presidiario y su hijo, se desencanta de cierta gente, hay una pelea con los indios, etc. Finalmente vuelven a la ciudad y a Marilyn no le queda más opción que retomar su trabajo anterior, hasta que padre e hijo la van a buscar y se la llevan a vivir con ellos como familia. Ella primero se niega, pero luego acepta y la escena final muestra el carruaje alejándose mientras caen al suelo los zapatos rojos, ahora cubiertos de polvo.

Conclusión: los zapatos son símbolo de la mala vida y el libertinaje, si quieres establecerte y convertirte en alguien decente los tienes que dejar atrás sin miramientos. En el contexto de censura de la época se entiende bien, hay que pensar que había reglas muy serias al respecto y usando estos momentos simbólicos se ahorraban lo explícito que es todo hoy en día.

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