Gabriel Espinoza: Upov o Ley monsanto

Por Gabriel Espinoza

El tema de los obtentores vegetales, Upov o Ley monsanto suena extraño y no todos somos biólogos, legisladores o si quiera sabemos de lo que acontece, y cuando nos enteramos la mitología y la realidad ya son inidentificables.
La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales nace en 1961 (y el acuerdo tiene revisiones de 1972, 1978 y 1991), promueve la necesidad de proteger las variedades vegetales y anima a los obtentores vegetales (personas naturales o jurídicas que, en forma natural o mediante trabajo genético logren una nueva variedad vegetal. Según ley 19.342) “al desarrollo de nuevas variedades vegetales para beneficio de la sociedad”. De esta forma el creador de una nueva variedad es acreedor de las ganancias que produce su nueva semilla, por un tiempo establecido. Cumpliendo el cometido de incentivo a los obtentores y el beneficio a la sociedad  – de consumo – a través de la comercialización de una producto que tenga características que beneficien el cultivo, mejores propiedades, etc.

El problema actual es el cambio de legislación. Chile a través de la ley 19.342 de 1994 adhería al UPOV acta 78 (desde el año 1996), pero el cumplimiento del Tratado de libre Comercio con Estados Unidos (efectivo desde 2004) exige suscribir a UPOV 91 (vigente desde 1998) y además pretende cambiar a través del proyecto de ley Boletín 6355 – 01 la ley vigente. En síntesis: Una nueva ley de obtentores vegetales y también un nuevo convenio internacional al cual suscribimos; mucho más estricto en materia de propiedad intelectual.

Según aclara Julio Berdegué (Investigador de Rimisip) sólo las variedades de una semilla entran en el marco regulatorio de la UPOV 91 – sin verse afectadas las comunidades o productores de semillas tradicionales –  porque las semillas nacionales y originales ya se encuentran en los bancos públicos de semillas, bajo el INIA (Instituto de Investigaciones Agropecuarias), donde podemos encontrar “especies clasificadas como extintas o en peligro de extinción, endémicas, y de importancia alimentaría para el país”. Además señala que la ventaja de suscribir al convenio UPOV 91 es la protección de las posibles semillas mejoradas, antes que una transnacional  – como Monsanto  – lo haga. De esta forma es fomentada la industria nacional, como Semillas Baer de Eric Von Baer (Sí, del papá de Ena) y el INIA.

Mientras que para Flavia Liberona (Directora Terram) la suscripción a UPOV 91 no tiene ningún tipo de interés en el resguardo y promoción del patrimonio de especies nacionales, además de innecesario porque ya se está suscrito al UPOV 78, siendo adherido sólo en miras de cumplir el TLC firmado con USA, y las disposiciones de este. También señalando que la falta de legislación que proteja la biodiversidad del patrimonio filogenético, nos deja en una desventaja bajo la privatización de la semilla. Y ahí es donde queda la interrogante.

Mientras el proyecto para el cambio de ley de obtentores vegetales perdió urgencia en el senado el 28 de Agosto y las campañas en contra de ella aumentan, como la lanzada en Change.org que tiene el apoyo de 4 presidenciables; Marcel Claude; Marco Enríquez-Ominami, Roxana Miranda y Franco Parisi.
Las dudas del beneficio siguen creciendo, la verdadera utilidad de esta nueva suscripción es mitológica y al parecer el problema radica en el ánimo legislativo de beneficiar a la gran agroindustria, y nadie más.

 

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