Columna de Copano: "El factor Parisi"

Por Nicolás Copano

Muchos periodistas no se atreven a hablar de Parisi. A la mayoría le parece una mala palabra culpa de la reacción de sus militantes a la hora de la crítica: en la era de la exposición de los egos, los parisistas son expertos en dañar egos. Están coordinados de manera inteligente y muy bien enfocados en callar a través de la puteada masiva e intimidatoria. Y es que califican perfectamente en la lógica del anónimo, del grito  de la calle a lo lejos. Ellos son. El parisista es un taxista que echa chuchadas en la calle. Es el que está en la cola diciendo “ya pos hueonooo” para que el resto lance risas nerviosas. El parisista es “el poder de la gente” entendiendo a las personas como unas víctimas del abuso que se transforman de vuelta en unos abusadores crónicos contra incluso el que no lo merece o discrepa.

Pero Parisi es una forma. Partamos de esa base: representa a un espíritu de época alimentado por la desconfianza de cuatro años bajo el Gobierno de un especulador. Piñera fue quien involuntariamente agrandó los bonos de este caudillo de brillante campaña. Quien está detrás de la campaña de Franco entiende a la perfección una época: comprende que  la gente está aburrida de las evaluaciones al pueblo cansado, motivo por el cual la campaña de Matthei (“un 7 para Chile”) es una reverenda lata que conducirá por error a la derecha  a un fracaso más ruidoso. Por otro lado, sabe que la gente es emocional, motivo por el cual avanza frente a un MEO inte- lectualizado, en una época de zapping donde Bachelet, con su estilo de rock a lo Bono (en el sentido musical y económico) gana por simpatía.

En cambio Parisi se planta como una sorpresa muy bien escrita. Su relato es una gran recopilación de lo mejor de cada candidato: cree en la derecha del esfuerzo y recompensa de Matthei (es economista) pero a la vez descree de los pituto  y pide meritocracia a lo Bachelet. Posee las virtudes que volvieron a MEO lo más similar a un “telecandidato” la elección anterior pero a la vez multiplica eso por venir de la televisión  en sí con programas con apellido. Es una muy buena cazuela. Pero ojo: esconde un truco.

Lo más criticable es su apelación sobre la conspiración. Se vuelve temible cuando vemos sus  videos, que son un llamado a creer en la desconfianza: los enemigos son los medios, pero  a la vez los desea. Se queja de la no cobertura, cuando llama a creer en la cobertura propia. Y es ahí donde falla. Finalmente parece un niño  ansioso de tele, cuando no la necesita tanto.

Despreciar a Parisi y a sus seguidores es una gran torpeza. Probablemente uno puede mirar  en menos desde la academia sus formatos, pero  en la calle, es el que tiene hoy, a mi parecer, la mejor campaña. Y es una campaña que tiene  muy poco de tradicional y que cada vez que sale en pantalla te lo recuerda: no viene de los mismos de siempre, pero a la vez, su pasado refleja que quiso ser parte de eso. Y  es ahí donde está su gran punto débil: su historia vinculada  a la derecha, aunque lo niegue. Su relato sobre la  meritocracia, con histo- rias de colegios en contra. Parisi debería dejar de despreciar tanto lo que  tanto promueve: Google lo puede desnudar muy  fácilmente. Y en la guerra electoral, donde aparecerá  todo tipo de triquiñuelas,  y donde se está jugando la sorpresa (culpa de que los medios alimentan ideas errneas) el blanco se instala  muy fácil.

Yo no soy experto electo ral, pero sí me gusta la publicidad. Y les puedo decir que la campaña parisista se adelanta al futuro: tiene una historia. Y qué   buena historia tiene. Si es capaz de mantenerse en el tiempo y es fiable, ganará puntos. Si no lo es, los mismos parisistas que putean al que le pega, pronto podrían irse contra él. Es el problema de tene  cariño, pero no respeto. El respeto se mantiene: el cariño, pasa. Ahí esta su gran prueba de fuego. 

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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