Columna de Cine de Joel Poblete: "“Morales, el reformador”, de Víctor Cubillos: la ley de la calle"

Por Joel Poblete
Ficha

“Morales, el reformador”

Chile, 2013

Director: Víctor Cubillos

Guión: Renato Bernasconi y Víctor Cubillos, basados en el original de Jan Henrik Stahlberg

Actores: Víctor Montero, Ricardo Cubillos, Daniela Castillo

Duración: 82 minutos.

“Apuesta máxima” (Runner Runner)

Estados Unidos, 2013

Director: Brad Furman

Guión: Brian Koppelman, David Levien

Actores: Justin Timberlake, Ben Affleck, Gemma Arterton, Anthony Mackie

Duración: 91 minutos.

Con su ópera prima como cineasta,  ” 31 de abril”, el periodista Víctor Cubillos sorprendió en 2010 con una atractiva mezcla entre documental y ficción. Adaptando a la realidad chilena la película alemana “Muxmäuschenstill” (2004), en su segundo film se centra en Ulises Morales, un hombre que cansado de los abusos e injusticias que se viven diariamente cuando la gente pasa a llevar a los demás o no respeta las leyes establecidas, emprende una cruzada personal en las calles santiaguinas, acompañado por Abel, un cesante ingenuo y bonachón que le ayuda registrando todo en video. Su iniciativa derivará en un movimiento civil, Conciencia y Responsabilidad, aunque el protagonista también debe intentar equilibrar sus ideales con su vida privada.  

“Morales el reformador” aborda personajes y cotidianidades que no aparecen con frecuencia en el cine chileno, y desde ya eso juega a su favor ayudando a que se la sienta más original que otras producciones nacionales; la idea es buena y sus alcances podrían haber sido muy potentes considerando los movimientos sociales de los últimos años, pero de todos modos queda la impresión de que pudo tener mayor desarrollo, o al menos unificar lo que se quería mostrar y contar. Quién sabe si es culpa del guión o del montaje, pero en especial durante la primera parte se siente la ausencia de algo que dote de unidad al total; además, aunque la naturaleza de la historia requiere una urgencia que no sabe de sutilezas, quizás podría haber sido un bienvenido aporte un poco más de matices en la construcción de los personajes. 

La película tiene buen ritmo, y gracias al uso de la cámara en mano, se la siente inmediata, a ratos documental y casi guerrillera, utilizando como pocas producciones chilenas la calle, lo urbano, lo que finalmente le da más frescura y cercanía a su propuesta. Aunque su realizador la define como comedia, y pese a sus por momentos logrados toques de humor negro y sátira, quizás funciona mejor como drama desencantado y cuestionador, cuya postura ideológica y crítica social a la realidad chilena actual puede generar diversas reacciones y sabe aprovechar al máximo coincidencias y acontecimientos que fueron sucediéndose a lo largo del tiempo que tardó el proceso entre la filmación y su estreno.

Rostro familiar en el cine chileno de la última década gracias a roles secundarios en títulos tan variados como “Sábado”, “Mi mejor enemigo” y “La vida de los peces”, el talentoso Víctor Montero sólo había tenido una incursión protagónica en un largometraje hace dos años con “Dios me libre”, interpretando a un polémico y ambivalente líder de una especie de secta religiosa, un exigente papel que curiosamente guarda más de una similitud con su Ulises Morales, a quien aborda con convicción y entrega; sin embargo acá, tras cierta afectación inicial, llega aún más lejos y ofrece una caracterización más compleja y ambigua en sus alcances morales, si bien queda la impresión de que el guión y la dirección pudieron ayudarlo a desarrollar todavía más sus matices y contradicciones. 

APUESTA MÁXIMA

Un joven que intenta costear su master en Finanzas en la universidad de Princeton colaborando con sitios de apuestas electrónicas, se involucra en la elaborada red ilegal que maneja un estadounidense desde Costa Rica. Si no se es muy exigente con algunos giros y situaciones del guión que en verdad cuesta creer, si se pasan por alto los clichés en torno a los latinos y no se toma demasiado en serio una estética y puesta en escena a medio camino entre la publicidad y el videoclip en sus facetas más estereotipadas, este thriller puede llegar a entretener y ofrecer un refrescante buen rato apreciando sus sofisticadas y tropicales locaciones, pero poco más que eso. Mientras Justin Timberlake cada vez se muestra más cómodo como protagonista de un film, Ben Affleck sigue confirmando que -salvo ocasionales aciertos en su filmografía- es mucho mejor cineasta que actor, aunque acá hace lo que puede por mostrarse tan amenazador como carismático mientras refleja la ambigüedad ética de su personaje. 

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