Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Prosánguche"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"
Coordenadas

La Sanguchería, Av. Vitacura 5255 Local 2, Vitacura.

Teléfono: 2-22192198 

Cada día se ven más de estos pequeños centros comerciales en las esquinas, los llamados “strip cen ter” que invaden la ciudad dando valor comercial a las manzanas creando focos de consumo y servicios, lo que me sorprende de todos ellos es lo uniformes que son, no sólo en la arquitectura que los crea si no que en lo poco  variados que son en términos de oferentes unos de otros.

Siempre está un minimercado, una peluquería y un sushi, todo esto fue, es y será al parecer la piedra angular del selecto grupo de arrendatarios de “strip” siempre disputarán la mejor plaza.

Así es como la regla hace la excepción o como diga el dicho popular, entre tintorerías y farmacias a veces aparecen cosas buenas, más que buenas entretenidas. En un rincón de poca fachada de un “strip” aparece un pasillo profundo hacia un amplio salón, casi impensable, decorado con recuerdos del rock, televisores con el partido de fútbol en vivo y apologías a la tradición sanguchera de nuestro país. Es como un submundo aparte que se asoma para recibir a fanáticos, La Sanguchería se muestra casi como un “sport bar” pero en su versión más criolla. Conviven sánguches tradicio nales con preparaciones más gourmet y algunos emparedados del catálogo peruano.

Entre descripciones de frases populares como, el jamón del sánguche, sanguchito de palta o la marraqueta bajo el brazo, la carta ofrece una variada gama de preparaciones. Está como para ir varias veces a probarlas todas. Pedimos una hamburguesa de la casa que siendo de buen tamaño  le sobraba un poco de punto, sus guarniciones de lechuga, tomates, pepinillos y aros de cebollas estaban muy al estilo gringo. Yo pedí un don barros luco que con un rico queso gauda, cebolla caramelizada, tomate y palta tenía mucho de rico que ofrecer.

Todos los sánguches vienen con papas fritas. Probamos el pan frica y el ciabata ambos de buen calibre  y crujientes, buenos emparedados que rondan entre las cinco y seis lucas.

El lugar es cómodo y tiene unas exquisitas butacas pegadas a las murallas. Amo esas mesas, no sé qué tienen que me dan nostalgia pero algo me provocan, pueden ser esos recuerdos al Burger Inn de la Plaza Italia, pueden ser tantas cosas que no me quiero ni acordar. 

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