Columna de Copano: "Odlanier y los misericordiosos"

Por Nicolás Copano

Este fin de semana fue de histeria e historia. No se había visto algo así desde el retorno de la democracia. Quizás para algunos fue un espectáculo oportunista de un Presidente con intenciones al 2017.

Para otros tal vez los violadores de Derechos Humanos al interior de esa cárcel resort sólo bajaron las estrellas de su hotel: finalmente esta columna la van a poder seguir viendo porque tienen Internet. Así que en lo personal, les envío desde esta plataforma un fuerte desprecio. Ojalá terminen en Colina sus días, que es donde los deben terminar enviándolos un Presidente en democracia.

Pero fuera de todo, es un gesto. Y cuando ya la gente a la cual le quitaron la vida no puede volver, eso es sumamente importante. Porque son lecciones para la historia. Para definir claramente posiciones sobre la desaparición de gente, para que nuestros nietos entiendan que te pueden condenar por generar tanto daño. En lo personal aspiro a más sin duda, pero Chile parece que no tanto. Por desgracia aún hay miedo.

Piñera por fin logró un relato: deshacerse de la derecha pinochetista. Y con eso desactivó esa fuente de “victorias morales” de la cual la Concertación abusa hasta la saciedad. De paso, recordar que esa cárcel está ahí por Lagos y Frei. Y que esas condiciones vienen desde el temor. Por desgracia, los que recuperaron la democracia a veces carecen de la energía necesaria para retomar la dignidad. Es la pena de vivir en un país pequeño donde los abusadores transforman a los abusados en abusadores de vuelta. 

Está en todos lados. Pero eso es otro tema.

El tema acá es el acto de Odlanier Mena. Muchos han quedado desnudos en una misericordia innecesaria y temerosa. Lo que más asquea es los que buscan justificarlo sin necesidad. ¿Vivirán el síndrome de Estocolmo? Mena no es menos malo que otro violador de Derechos Humanos. 

Es simplemente un violador de Derechos Humanos. 

Pueden ser métodos distintos. Pueden ser tiempos. Pero si “nuestros nombres valientes soldados” lo son realmente, deben asumir responsabilidades. 

La diferencia moral entre Mena y los demás falló notoriamente. Ascanio Cavallo, un gran cronista del retorno a la democracia, se cae y hace un acto que inquieta desde su pluma: le quita gravedad a la maldad de los rostros de la operación “Retiro de Televisores”, que fue el desentierro de cadáveres sepultados en fosas clandestinas de todo el país para ser lanzados al mar. Este no es un abuelo, no es el ratón Mickey tampoco. Odlanier Mena regaló aún más angustia a la gente. Él conoció el plan, y coordinó la acción de los efectos. Mena es parte del horror. De forma distinta a los ejecutores, pero está adentro. Sus manos están manchadas y aun así no mostró ningún arrepentimiento.

Su suicidio no tiene que ver con sentirse mal por el acto de ser “parte accidental” de un proceso. Sino por “no aceptar las condiciones de otro penal” como escribió en su póstuma despedida. Con Mena se va parte de lo peor de lo nuestro: la paranoia de la guerra fría que lo hace escribir en su carta de despedida ser víctima de la “incontrarrestable y masiva presión comunista frente a todos los sectores políticos del país. Somos rehenes de su accionar.”

Mena fue rehén de una mentira: pensar que hacía lo correcto.

Mena se quita la vida, acusando ser acosado. 

Mena intento vender “de valiente” su acto por “no dar en el gusto”. Pero murió siendo una patética parodia de la valentía. 

Reinaldo al revés se dispara por perder metros cuadrados en un patio. 

En conclusión: no ha muerto un héroe. Ha muerto un perdedor.

Las opiniones expresadas aquí No son responsabilidad de publimetro

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