Columna de Juan Manuel Astorga: "Estamos desunidos"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

La historia va como sigue: el gobierno del Presidente estadounidense, Barack Obama, envió al Congreso una ley de presupuesto y el parlamento decidió no aprobarla. Se la rechazaron porque, dicho en simple, la oposición republicana no comparte su nuevo programa de salud que incorpora seguros para abaratar los altísimos costos que pagan los norteamericanos por atención médica. Como no lograron frenar el proyecto de reforma sanitaria, ahora decidieron bloquearle los recursos y la forma de hacerlo fue rechazando todo el presupuesto para la nación. En la práctica, Estados Unidos se quedó sin recursos para hacer funcionar varias reparticiones públicas.

El escenario es grave en si mismo, porque si la situación se extiende por tres semanas, que es lo que calculan los expertos, podría significar un recorte de 1,4% del crecimiento económico trimestral de EEUU. 

Sin embargo, parece que lo peor aún no llega, pero está a la vuelta de la esquina, el próximo 17 de octubre. Antes de esa fecha, el mismo Congreso que bloqueó el presupuesto, tiene que autorizar al gobierno de Obama de aumentar lo que se denomina el “techo de la deuda”. ¿Qué significa? Que el país pueda pedir más créditos de los que ya acumula hasta ahora a fin de que pueda continuar pagando las cuentas. Dicho en simple, Estados Unidos está gastando más de lo que gana y, como le pasaría a cualquiera, tiene dos opciones: o recorta sus gastos o pide créditos. 

El problema es muy complejo. La primera economía del mundo no logra reducir sus niveles de gasto. Tiene numerosos compromisos en programas sociales, ayuda internacional y gastos en defensa, por lo que aplicar reducciones en cualquiera de esas áreas no es un menester simple. El camino que le queda entonces es pedir plata prestada pero ya está en el máximo nivel que la ley le permite endeudarse. Lo único que podría hacer es modificar esa ley y extender su capacidad de endeudamiento, vale decir, subir el famoso “techo de la deuda”. Para que tengan una idea, desde el año 1960 se han realizado 78 aumentos al límite de endeudamiento. 

Si en el Congreso ya le dijeron que no a su presupuesto, es muy probable que ocurra lo mismo cuando intente incrementar su posibilidad de pedir créditos. Y eso sí que sería grave. Esto implicaría que Estados Unidos empezará a incumplir sus compromisos. Una posibilidad sería que deje de pagar sus anteriores deudas, lo que lo haría caer en una cesación de pagos, también llamado “default”. Eso pondría por primera vez a EEUU en la misma lista de países como Argentina, algo que de seguro a nadie del país del norte le hace mucha gracia. 

La otra opción es que el gobierno elija qué otros compromisos puede dejar de pagar. Por ejemplo cortar subsidios, dejar de cancelar algunos servicios como la recolección de basura, despedir empleados públicos, etc. 

¿Cómo sale de esta encrucijada el presidente Obama? No está claro. Existen grandes diferencias entre el partido republicano, hoy opositor, y los gobernantes demócratas. Ambas colectividades saben que el aumento del límite de endeudamiento no es una solución de mediano plazo, porque ésta debe ir acompañada de un aumento de los ingresos. ¿Cómo aumentarlos? Con una reducción del gasto fiscal o bien con un incremento de los ingresos del fisco a través de mayores impuestos.

Los demócratas históricamente han sido más proclives a un aumento de los impuestos y los republicanos a una disminución en el gasto social. Estos últimos ya han propuesto un plan de rebaja del gasto en 0,85 billones para los próximos 10 años, y los demócratas un plan de 2,2 billones. La gran diferencia es que el partido de Obama sugiere disminuir los recursos destinados a defensa, algo que el partido opositor no acepta. Tampoco quiere un aumento de los impuestos a los más ricos. El presidente, por su parte, se niega a modificar alguna coma de su flamante proyecto de salud. Así las cosas, parece que el 17 de octubre podría vivirse un caos harto más profundo que el actual.

Hace dos años Estados Unidos vivió exactamente el mismo problema. A horas de la fecha límite, llegaron a un acuerdo a regañadientes. Sin embargo, y a pesar de salvar la situación, la incapacidad de diálogo tuvo una consecuencia insospechada: la clasificadora Standar & Poors consideró que el acuerdo fue insuficiente y no creyó en la capacidad política para negociar acuerdos del congreso estadounidense y decidió disminuir la calificación del gigante americano. Por primera vez en toda su historia, cayó un peldaño, su hoja de vida quedó manchada y, algo no menor, tuvo como efecto que los inversionistas internacionales fueran advertidos de que EEUU ya no era tan confiable como antes.

Para Standar & Poors, lo que hizo Estados Unidos fue haber quemado su prestigio como país, su credibilidad como gran potencia y solvencia como patrón económico de referencia. 

Bien vale preguntarse lo siguiente: si la clase política de la primera potencia del mundo no es capaz de ponerse de acuerdo en una materia de vital importancia para sus propios intereses, ¿puede el planeta dejar en sus manos otras decisiones cruciales para la estabilidad internacional como una guerra? Esperaremos atentos el 17 de octubre.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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