Beatriz Fernández,Javier Campos: Y a tu escuela ¿Que le ha hecho el SIMCE?

Por M. Beatriz Fernández,Javier Campos

El año 2005 Macario Guajardo un estudiante de 5to año básico en Texas, se negó a rendir la prueba estandarizada de su Estado, el SIMCE de Texas. Su mamá, una profesora del sistema público de la ciudad le preguntó por qué hacía eso. Su respuesta fue contundente:
“Todo lo que sé” –dijo- “Es que no me gusta lo que la prueba le hace a mi escuela. Nos han acortado el recreo, han cortado un montón de actividades que nos gustaba hacer, las que eran divertidas. Todo lo que hacen es forzarnos a preparar la prueba. Simplemente no me gusta lo que esta prueba le hace a mi escuela.”

Eso fue todo lo que su mamá necesitó escuchar para apoyarlo.
 

Como Macario son muchos los niños en Chile y el mundo que han visto a sus escuelas sucumbir ante la presión que imponen pruebas como el SIMCE. También son muchos los que han llegado al punto de decir: basta ya!, optando por no asistir el día en que estas pruebas se realizan. Detrás de cada uno de estos niños, hay padres que después de constatar la transformación de las escuelas en verdaderos campos de entrenamiento han decidido apoyar a sus hijos. La presión que las pruebas estandarizadas imponen sobre las escuelas inevitablemente termina trasmitiéndose a los estudiantes. El estrés que resulta de esta presión, no sólo afecta la alegría que debe ser el aprendizaje, sino que tiene consecuencias más profundas. Por ejemplo, esta comprobado que el estrés afecta la memoria a corto plazo, que es la que permite integrar nuevos conocimientos y realizar operaciones abstractas. En definitiva, el estrés por rendir en la prueba afecta negativamente la capacidad de aprender de los estudiantes.

Pruebas como el SIMCE se han convertido en una suerte de termómetro infectado que produce más problemas que los que pretende solucionar. Esto ha llevado a que en muchos de los países donde estas pruebas son implementadas, asociaciones de padres hallan llamado a oponerse a estas ellas, optando por no someter a sus hijos a estas pruebas y presionando al gobierno y a los legisladores para que sean suspendidas. Sólo durante el primer semestre de este año, padres se han manifestado contra estas pruebas en ciudades como Florida, Chicago, Nueva York , Seattle y Texas. En estos lugares, los padres han ido mas allá del rol de consumidores que el mercado les asigna y se han transformado en activos constructores de la educación que quieren para sus hijos. Estos padres han ejercido un rol activo en el desmantelamiento de las reformas de mercado—de las que son parte las reformas estandarizadoras—que amenazan el derecho a la educación.  
 

En nuestro país ha sido común ver a los padres acompañando a su hijos en las marchas convocadas por el movimiento estudiantil. La urgencia por una educación pública, gratuita y de calidad ha sido un potente articulador de voluntades capaz de unir a familias completas bajo su consigna. La urgencia por eliminar los efectos perversos del SIMCE no es distinta. A la relación entre el SIMCE y los incentivos económicos para los docentes, o la relación entre el SIMCE y las recompensas y castigos para las escuelas, ahora se suma la amenaza que la nueva agencia de calidad presenta: la posibilidad de cerrar una escuela basándose casi únicamente en sus puntajes en esta prueba.
 

Los técnicos piensan que las escuelas son edificios que pueden ser clausurados por decreto, pero están muy equivocados. Las escuelas no son edificios, sino que son las personas que día a día se relacionan formando una comunidad, por lo tanto cuando una escuela se cierra, una comunidad desaparece. La amenaza de perder su comunidad es lo que finalmente estresa a los estudiantes, y es una dura lección para aprender a tan corta edad. Sobre todo cuando es posible evitarlo. La presión que la escuela tiene sobre sus hombros, ante la amenaza constante de un posible cierre, se transmite a todos sus miembros, entre ellos, los estudiantes. Finalmente la posibilidad de que la escuela siga funcionando va a depender del puntaje SIMCE que sus hijos obtengan, es su responsabilidad. Sus hijos saben esto y sienten esta presión. La alegría de aprender, se transforma en el estrés por rendir y en la angustia por fracasar. El SIMCE este año se comienza aplicar desde segundo básico ¿Cuánto peso van a soportar los hombros de sus hijos?

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo