La columna vertebral de Avello: "Amiga mosca"

Por Felipe Avello

No me gusta matar moscas, cuando las voy a matar siento que me miran, siento que podrían ser domesticables, que podríamos tener una relación. Antes mi mamá me encargaba que las matara antes de almorzar, con un matamoscas que guardaba colgando en la misma cocina. Y yo obedecía la orden sin cuestionamientos. Ahora no las mato, las libero, abriendo las ventanas de par en par, hablándoles y pidiéndoles por favor que se retiren.

Y si no quieren irse, muchas veces como con ellas, mientras no se posen en la misma comida, no las reprendo siquiera.

Hay una mosca en particular que ya lleva un par de días de visita en mi departamento. No podría llamarla amiga aún, pero siento que podemos llegar a serlo. Aunque tenemos poco tiempo, las moscas viven algo más de 20 días.

Mi esposa sí que ama a los animales, es una ferviente defensora de sus derechos. Y yo la apoyo en todo. Soy su cómplice en esta cruzada por el respeto hacia todos los seres vivos.

Es vegetariana, y va camino al veganismo. Yo estoy con ella y no como carne, pero a veces en secreto me doy un festín de mariscos, no importándome, en ese momento, si esos deliciosos seres: erizos, machas, locos, tuvieron sistema nervioso central en su vida. Apanados, horneados, con queso. En ese momento soy un depredador sin contemplaciones.

Una vez mi esposa encontró una araña de rincón en la tina de nuestro baño. Yo por suerte no estaba, y con sumo cuidado fue a buscar un frasco de vidrio y la metió adentro. Luego procedió a tirarla a la calle. Lo malo que a media cuadra hay un jardín infantil.

Parece que no quiero tener hijos. No sé en qué puede ayudar al futuro de la especie humana mi descendencia. Es más, creo que el gran legado que puedo dejarle al mundo es la ausencia de hijos. El cineasta Raúl Ruiz no tuvo hijos y por eso se convirtió en uno de los cineastas más prestigiosos del cine mundial. Tuvo todo el tiempo para hacer sus películas. Yo no haré películas y no tendré hijos.

Mejor preocuparse de los niños que ya existen, en vez de andar haciendo nuevos. Se lo voy a plantear a la Unicef. 

Me estoy dejando barba, pero me ha costado. Soy lampiño y me crece poco frondosa y con lentitud. Dejé de afeitarme la segunda semana de septiembre y aún no logro la apariencia deseada. Por eso a las maquilladoras de La Red les pido en secreto: que me pongan máscara de pestañas en las partes donde no crece pelo. Sé que no es barba real, pero me siento viril.

Me llamaron para trabajar para ayudar con ideas en la campaña de un candidato a diputado. El candidato es joven, muy capaz, bien intencionado y con altas probabilidades de salir electo. El problema es que a mí no se me ocurre ninguna idea. Todas mis ocurrencias apuntan a la burla o a denostar al candidato. No se me ocurre nada bueno. No soy Gael García.

Algunas personas creen que soy chistoso. Otras no. Y en la tele quieren que lo sea permanentemente. Todo se debe a mi antigua timidez. Por timidez empecé a hacerme el chistoso, porque no me atrevía a hablar en serio. Pero ya no soy tímido, nadie es tímido después de los 35 años.

Yo antes tenía dislexia, pero se me apsó. (Daniel, amigo disléxico).

 
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