Columna de Copano: "La forma y el fondo"

Por Nicolás Copano

Te quería escribir hoy de verdad. No sé si se puede en medio de tanta campaña política, pero hubo algo que me llamó la atención y es a propósito del comportamiento de Marcel Claude en “Protagonistas” (el ciclo de entrevistas de Canal 13) y de lo que ha ido sucediendo con Marco Enríquez-Ominami en el último tiempo. Tiene que ver con algo que nos supera. Que impregna todo en nuestro país. Algo que me encantaría encontrarle sentido para superar incluso mis propias dualidades, que como toda persona tengo para sobrevivir aquí. 

El tema es duro, porque muchos considerarán que los voy a subestimar, pero tiene que ver con la preferencia de la forma frente al fondo de cientos de miles de chilenos. Esto no sólo en relación a las campañas, sino a casi todo.

Es polémico, ya que estamos en una cultura que ha definido muchas cosas en torno a preceptos morales, como la religión. Finalmente nuestra forma de entender el país tiene que ver con la autoridad, con el sacerdote, y desde ahí con Dios.

Yo quebré con eso hace mucho tiempo. A veces vuelve cuando siento miedo, pero finalmente encuentro la paz que necesito cuando veo los actos de los míos. Y dejé de creer que esos actos dependían de fuerzas extraterrenales para valorarlos aún más, pero ese es mi problema. No tuyo. 

Quizás, el conflicto de esa lógica tiene que ver con eso de pensar que hay ciertos modos que son correctos, ya que los hacen ver infantiles y burdos en base a los preceptos diseñados por las autoridades lo que los cuestionan. Es una trampa muy inteligente, y si hay alguien que se encargó de eso, es para aplaudirlo de pie: a ti, supuesto ser, las campañas políticas, los “introvertidos” que pasan por geniales sin serlo, los coordinadores de mentiras te deben muchísimo. Te deben mucho porque al final en Chile para estar indignado y ser validado, no importa tu discurso: importa la universidad donde estudiaste, porque eso es una sorpresa. Te deben mucho los cobardes que tienen las herramientas pero a primera de cambio transan con todo. Te deben mucho los que se aprovechan de la gente por espejitos de colores, los que creen que está bien ser tibio, los que juegan con la idea de no quedar mal con nadie. A ti te deberían poner estatuas con billetes mezclados con cemento porque el daño cognitivo que les dejaste a muchos va a redituar por generaciones.

Y claro, va a redituar porque como estamos preocupados de que el otro es gordo, es flaco, es chico, es cuico, es pobre, es progre, llenándonos de preocupaciones y etiquetas pelotudas sin escuchar, y de falsedades coordinadas (acá somos mandados para ver la pared azul cuando es blanca) basadas en la estética y no en la ética (olvidamos rápido) todo funciona muy bien para un grupo que sí se da cuenta.

Y vuelvo a Claude y ME-O porque cayeron en la trampa de eso.

Claude puede decir cosas muy inteligentes, pero todos se van a molestar en Twitter “porque mira como dice con ese tono las cosas”. Entonces, se quedan con el tono. Lo mismo con ME-O “oye pero habla muy rápido el tipo” pero sus ideas no quedan. Y no quedan porque no simulan.

En cambio tienes a Bachelet, que es imaginación pura, es una simulación: forma multiplicada por forma. Mientras los otros en derecha se dan, Bachelet tiene una sola forma desde el silencio: la que tú quieres tener. En silencio Bachelet “parece segura”. Es tan genial la trampa instalada desde la forma y no el fondo que Bachelet dice “no descarto cerrar Punta Peuco”. Trampa semántica genial: no descarta, pero tampoco aprueba. O sea, te da una sensación de forma. ¿Y el fondo? Bien, gracias.

Obviamente quienes entendemos esto somos una minoría: nuestras quejas no resuenan y nos vemos “muy inteligentes” lo cual “está mal” porque supuestamente “daña al resto”. Yo recuerdo que una de las cosas que más odiaba un amigo del colegio era que sus profesores le hacían sentir mal por tener más habilidades. Se supone que debían premiarle por eso, pero era complicado manejarlo. Acá es complicado manejar todo cuestionamiento. Es que lo simple gana. Es la forma, no el fondo. Por desgracia. 

 
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