Día 4 de "Temp": "La falta de espíritu de la trabajadora temporal en el día de jeans irrita a su compañera"

Por
Douglas Coupland

Novelista y artista canadiense, autor de “Generación x” (1991).

Ha publicado 13 novelas, historias cortas y varias obras y guiones para cine y televisión. su estilo sintetiza alta y baja cultura, tecnología web, religión y cambios en la existencia humana por culpa de la tecnología moderna. su última novela, “Worst. Person. Ever”, está disponible en Random House Canadá, y su historia original“Temp” se publica en exclusiva diariamente en Publimetro.

Fui a la oficina a la mañana siguiente sólo para experimentar esa punzada repugnante que todos sentimos: era el día de jeans, ese en el que las mujeres reflejan una frescura forzada, mientras los hombres ponen caras espeluznantes cuando les miran el trasero en el comedor. Por eso, nada de jeans para mí.

No me había quitado la chaqueta cuando Sara número 3 llegó con un fajo de notas adhesivas. “Necesito esto en orden alfabético, tal como lo hicimos la semana pasada”. 

“Está bien”.

Se quedó mirándome.

“¿Hay algún problema?”, le pregunté. 

“Sabes, no habría sido tan difícil ponerse hoy unos jeans”.

“No soy muy amiga de los jeans”.

“La moral está muy baja y necesitamos un poco de diversión”.

“Ok…”.

“Ni siquiera es por nosotros, Shannon. Es por los niños”.

Estaba acorralada cuando sonó el teléfono. “Buenos días. Sistemas de filtros Taylor, Wagner & Kimura, desde 1899 una empresa orgullosamente patriota. Un momento, ya lo comunico”. 

Luego, el Danimal se acercó a mi escritorio guiñando el ojo como loco. “¿Cómo estuvo la, umm… cita de anoche?”.

“¿Cita? No fue una cita. Fue Mister McFunbury por exactamente 120 minutos”.

“¿Y cómo era el señor Xu?”.

Quería guardar mi secreto. 

“Bien amable. Con un inglés limitado, eso sí”.

“¿Dijo algo de la compañía que yo deba saber?”.

¡Guau, sí que lo hizo! “No, la verdad nos pusimos a ver las repeticiones de ‘How I met Your Mother’ en la pantalla sobre la barra de ensaladas”. Una total mentira. “No creo que venga con el objetivo de espiarnos”. 

“Oh”. Danimal parecía decepcionado. 

Justo después Kyle ingresó con una entrega. “Estuvo caliente y pícaro todo ayer en McFunbury, ¿no?”.

Me quedé petrificada. “¿Qué diablos? No es tu problema, Kyle. ¿Quién te lo dijo?”.

“Estaba regresando de la refinería y te vi con tu cita. Debió haber un buen ambiente, pues también era una noche de graduados”.

“¿La refinería? ¿Qué hacías allá?”.

“Postulo a un trabajo”.

“Oh”. Kyle actuaba como si él y yo, de alguna manera, fuéramos una pareja de verdad. Entre tanto, sorprendentemente me sentía triste de pensar en que no lo vería más y él estaría el resto de sus días trabajando en esa vulgar refinería.

Kyle dijo: “Estoy harto de ser un trabajador temporal sobre ruedas. He pensado en que nunca seré siquiera de clase media, menos aún alguien de una historia exitosa. Quizá deba irme a un lugar cuyo negocio nunca vaya a estar en riesgo, como el del aceite”. 

El teléfono sonó. Era el señor Xu. “Debo contestar esta llamada, muchachos”. Levanté el auricular. “Sistemas de filtros Taylor, Wagner & Kimura, desde 1899 una empresa orgullosamente patriota”.

Kyle y el Danimal se pararon rápidamente.

Bajé la voz en el receptor: “Hola, Xu, ¿qué onda?”.

continuará…

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo