Columna del sacerdote Hugo Tagle: "Te quiero a morir"

Por Padre Hugo Tagle / Capellán UC

Le pregunto ¿es usted de los que le pega a su mujer? Si no lo es, lo felicito. Y le pregunto porque estamos llegando a ese nivel: lo obvio, vale decir tratar bien a la señora, polola o conviviente, pasa a ser la excepción y no lo normal.

Las campañas contra la violencia intrafamiliar, concretamente contra la mujer, no han dado los resultados esperados. A pesar de los desvelos de los creativos de estas campañas, de los esfuerzos por hacer tomar conciencia a la población de la gravedad y cobardía de estos abusos, no pasa gran cosa. Las cifras de maltrato contra la mujer se mantienen casi igual en los últimos lustros. Pareciera ser que, a pesar de las fuertes imágenes que acompañan estos datos, no aprendemos. Y las cifras solo dan cuenta de las denuncias realizadas ante carabineros. Ellas son la punta del iceberg de un drama humano mucho mayor. Una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de violencia. Y una de cada dos, violencia sicológica, como amenazas, gritos, garabatos, humillaciones. 

Un solo garabato destemplado puede dejar una herida profunda, difícil de sanar, que se puede arrastrar por años, acompañando toda la realidad de la mujer: su trabajo, familia, relaciones afectivas. Cuesta salir de ese trauma. Quién no recuerda un gesto ofensivo de algún automovilista sulfurado. Si eso, tan trivial, cala hondo ¿cómo será el recibir un grito desaforado, burlas ácidas y, peor, empujones o zamarreos? Un recuerdo amargo que requerirá de mucha atención, preocupación y una cura de largo aliento.

¿Qué hacer para combatir efectivamente esta cobarde conducta? Comenzar educando a los niños, sobre todo a los hombres, en respeto a los demás, a los más débiles. Recuperando buenos hábitos familiares como integrar a los niños a las labores domésticas, haciendo ver que todos, hombres y mujeres, participan por igual de ellas. Hay un solapado machismo en las mujeres chilenas. Cargan más la mano a las mujeres que a los hombres en las tareas domésticas. Lo veo habitualmente: al final de una comida, son las mujeres de la casa las que ordenan y lavan. Los niños, a ver televisión o jugar play station.

Hay una suerte de legitimación social de la violencia. No le damos importancia. Lo tomamos a la broma. Le bajamos el perfil. Ello contribuye a la reproducción de la violencia intrafamiliar, una aceptación del uso de la fuerza como forma de control y de convivencia. La familia es clave en el aprendizaje de hábitos de buen trato que llevarán a relaciones afectivas saludables. Dime cómo se tratan en tu casa y te diré cómo tratarás a tu señora, polola o conviviente en el futuro. 

Hoy el mundo cristiano comienza el mes de María, madre del Señor. Ella es modelo de “buen trato”. Tratemos bien. Todos ganamos.

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