La columna vertebral de Felipe Avello: Tatuajes y Core

Por Felipe Avello

En Chile tenemos muchos prejuicios, tienes sexo con un par de hombres y ya te empiezan a decir homosexual.

Me gustan los tatuajes, tengo 12: un crucifijo, dos estrellas, un pez espada, un dragón alado, un tribal chico, un tribal grande, una herradura, una serpiente, un rayo, un pejerrey, mi esposa desnuda encerrada en una botella y mis papás bailando. La única recomendación que les puedo hacer es que nunca se hagan tatuajes de caras de personas, el tatuador puede ser un experto, el mío lo es, pero el tatuaje nunca le va a quedar parecido a la persona que uno se quiere tatuar. La imagen de mis padres bailando parece una pelea entre un simio y una especie de virgen de ojos blancos. Y mi esposa desnuda se confunde con el pejerrey.

Siempre los humoristas dicen que los niños están cambiados y que ya no son como los de antes. Y tienen razón. En la mayoría de los cursos, antes la gordita era la tímida, hoy en los colegios, la gordita del curso es la caliente. Y si había un negrito, caso raro en esa época, lo molestaban. Ahora igual molestan a los niños de color, pero las niñas porque quieren que el negro reaccione y se las tire.

Hace unos años se acercó a mi auto Maruti modelo 1987, color blanco invierno, una bella muchacha, con una polera ceñida que decía “Un techo para Chile” y una alcancía de madera. La joven tenía unos 23 años, muy bonito físico, pero era fea de cara, cosa que no me importó. Vestía una polera blanca, y un blue jeans ajustado (blue jeans, que antiguo término, “me le cayó” el carné). Tras saludarme cortésmente me pidió dinero para la mencionada institución de caridad. Le comenté que si bien tenía dinero, y quería colaborar, no tenía monedas. Luego le pregunté si podía acompañarme a sencillar. Subió tímida pero resueltamente a mi auto y partimos a buscar un cajero. Qué orgulloso estaría Felipe Berríos si me hubiese visto en ese momento, dando parte de mi tiempo en pos de una ayuda desinteresada. Con la joven no encontramos ningún cajero, por lo que me la llevé a un sitio eriazo a conversar.
Me contó que era muy apegada a su familia y que quería dedicarse a ayudar a los demás. Comenzamos a besarnos, y a los pocos minutos a acariciarnos. Ambos nos quitamos nuestras poleras. Ella no era muy voluptuosa, pero tenía bonito busto. La besé con mucho deseo hasta que reparé que tenía una matita de pelos verdes en uno de sus pezones. Yo nunca había visto cosa semejante. Vellosidad en esa zona había visto, pero nunca una mata de pelos verdes. Algo turbado dejé de besarla, volví al asiento del conductor, y curioso le consulté el motivo de la peculiar coloración. Allí me contó que sufría de hirsutismo, que era muy velluda, que siempre se los cortaba, pero que le volvían a crecer con más fuerza, por lo que había optado por teñirlos rubios. Sin embargo, con el cloro de la piscina Tupahue le habían quedado verdosos. Todo esto me lo dijo muy avergonzada como dando disculpas, lo que hizo que volviera mi deseo.
Pasaron los años, nunca más supe de ella. Hasta hace un par de semanas en que he visto su foto en casi todas las esquinas del gran Santiago. La reconocí de inmediato. Hoy, “ella”, no daré su nombre, es candidata al Consejo Regional Metropolitano, CORE.
Fue una alegría inmensa volver a verla, aunque sea en fotos, y pese a que no es de mi tendencia política, por supuesto que le daré mi voto, tal como lo hizo ella conmigo, de alguna manera, hace unos años.

Lo único rico de hacer ejercicios es cuando uno termina de hacer ejercicios.

PD: Es mentira, “ella” no es candidata a Core por Santiago, lo es por otra comuna, pero dije Santiago para despistar. Es candidata por una ciudad al sur de Santiago, cerca de Talca.

Las opiniones  expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo