Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Chancho"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"

Los feriados largos nunca han sido mi especialidad, amo mi trabajo y agradezco cada día por hacer lo que hago pero desafortunadamente hay ciertos costos que pocos leen y valoran, pero se rompió la regla, el último gran fin de semana de este año me fui para el sur con todo lo bueno y lo malo de salir conjuntamente con cuanto cristiano se larga de la capital desesperado en buscar un lugar diferente, un aire limpio, comida típica y suaves llanuras donde descansar. 

Salir de la Región Metropolitana es una aventura quizás tanto como retornar, esa planificación latente de saber que perderás horas de tu vida tratando de llegar a destino, todo provocado por la congestión. Mientras uno maneja, otros conversan, otros duermen, un pequeño alto en el camino para tomar desayuno y seguir. Lo bueno es que llegamos a tiempo a Chillán para almorzar y mientras buscábamos la dirección del dato calado que nos dio un gran amigo chillanejo nos topamos con la fábrica de cecinas Villablanca, un imperdible del sabor de la Octava Región, verdaderos héroes de la monarquía del chancho que deslumbra a los visitantes. Es bien sabido que las longanizas de Chillán son las mejores, pero esta fábrica no se queda sólo en eso, tienen jamones, queso de cabeza, lomito kassler, bondiola, serrano y cuanto trozo del chancho se pueda ahumar. Adoro su costillar y las chuletas que casi sólo necesitan ser calentadas para ser servidas.

Seguimos el tour y prontamente llegamos a La Motoneta, un recinto de dos direcciones, una frente a la otra, la primera con una motoneta literalmente colgando de la entrada. Ahí fue donde nos sentamos, el aire es de picada, de parrillada, de mercado, todo junto, cocina simple y sabrosa con cocineros a la vista y oídos de todos. Una parrilla a carbón separa el primer salón del posterior, llegamos tarde por lo que no tuvimos problema en conseguir mesa, pero según cuentan los lugareños hay que esforzarse en llegar temprano para asegurar lugar y atención.

Es una casa que rebalsa público sobre todo los fines de semana, las empanadas fritas me cerraron el ojo y eran verdaderamente buenas. Si hubiese un patrón de cómo debiesen ser, ésta debería ser la matriz. 

Se puede comer desde una parrillada hasta pescado frito. Pedimos de este último, pescado con un rebozado crujiente muy bueno, algunas prietas y muchas ensaladas. Fue el alto ideal para seguir rumbo a los confines de la Octava Región, bajativo de la casa y mucha agua para poder continuar.

Hay lugares exitosos que se marean en crecer o en cambiar la mano, pero hay lugares que mantienen sus patrones y prevalecen en el tiempo y es el paso de los años el que los consolida como un favorito de la comunidad. Siempre iré a comer donde comen los locales, esa es una máxima que no me saco de la cabeza, las cosas son porque son y pasan porque tienen que pasar, no hay más explicaciones que dar.

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