Columna vertebral de Avello: "Mi abuelo"

Por Felipe Avello

Si yo fuera mujer me encantaría. Me gustaría mi manera de pensar, mi sentido del humor, me encontraría misterioso, pero además transparente y finalmente buena persona.

Si no hay vida eterna, ni vida después de la vida, entonces las personas fallecidas no saben qué les pasó ni dónde están. Pero igual soy creyente, y rezo, paso al frente de una farmacia Cruz Verde y me persigno.

En las próximas elecciones presidenciales voy a votar por Michelle Bachellet, pero además marcaré mi voto con A C, Andrés Caniulef. Creo que se lo merece es un buen periodista y ha tenido un año espectacular.

También votaré por el diseñador de alta costura, Ruben Campos. Estoy seguro que será un gran Presidente de la República, él sí que sabrá tomar buenas medidas.

Antes fumaba marihuana, pero dejé de hacerlo. Hace unos meses volví a fumar, y es verdad eso que dicen que la marihuana hace perder la memoria. Había olvidado lo rica que es. 

Mis abuelos eran de Talcahuano y en 1946 se instalaron con un pequeño local donde vendían artículos de perfumería. La tienda fue bautizada como Perfumes Géminis, en honor a la madre de mi abuela, que era de ese signo del zodíaco.

Vendían fragancias y cremas que preparaba de manera artesanal mi abuela, con productos como palta o huevo, en el baño de su modesta casa.

Mi abuelo era de contextura muy delgada, y había sufrido en su niñez enfermedades de todo tipo: polio, pulmonía y desnutrición severa. 

Media solo 1,47 de estatura y cojeaba de la pierna derecha debido a un accidente donde se le cayó un durmiente cuando trabajaba en ferrocarriles.

Había quedado calvo a los 20 años, nunca cuidó su dentadura  y era gran bebedor de vino desde temprana edad, por lo que su nariz era enorme y colorada. y su piel tenía marcas de una viruela mal curada.

En aquel tiempo, muchos barcos que venían de Europa, debían cruzar por el Estrecho de Magallanes y pasaban por las costas chilenas a recargar combustible. 

Un día de noviembre mi abuelo estaba aburrido dormitando sobre el mesón de local, mientras mi abuela iba a Concepción a comprar materiales, cuando una bella mujer de apariencia extranjera, entró al local y le pidió en un dificultoso español, que le vendiera alguna crema para las manos. La desconocida le dijo que no se las cuidaba mucho pero que ahora debía lucirlas impecables para un trabajo que debía realizar. 

Mi abuelo siempre galante, le dijo que no necesitaba hacerse nada en las manos, ya que las tenía hermosas, tanto como eran su cuerpo y su angelical rostro. Ella no entendió mucho lo que le dijo ya que no hablaba muy bien el español y mi abuelo tampoco. Pero le pareció cómica su forma de hablar. Tras conversar un rato, él la invito a que fueran a la pieza contigua a tomar un vaso de vino mientras se conocían un poco mejor, antes de que llegara mi abuela.

Mi abuelo siempre cuenta, en las reuniones familiares, que emborrachó a la extranjera que le quitó la ropa y que le hizo el amor, pero que como pronto iba a llegar mi abuela, la debió echar. 

Esa mujer era la famosa actriz norteamericana Rita Hayworth, una de la mujeres más importantes en la historia del cine, que se encontraba de paso por Talcahuano, donde su barco recaló para abastecerse de provisiones. Ese trabajo al que ella se refería y en el que tenía que mostrar las manos, era la filmación de la película “Gilda” (1946), de Charles Vidor, una de las grandes películas del cine negro, en la que protagoniza una escena donde ella se quita un guante.

Mi abuelo nunca vio la película y nunca supo quién era la mujer con la que había estado. 

PS: esta historia es falsa, mi abuelo era impotente.

 
Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

 
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