Jeremías Israel rumbo al Dakar

El motociclista está en la recta final de su preparación: desde el 4 de enero competirá en su segundo Dakar, esta vez con nuevo equipo, nueva moto y flamante auspiciador. Dice que la experiencia ganada este año le ayudará a ir “más rápido”.

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Por Andrés Del Brutto

Hace poco más de un año, las cosas parecían mucho más lejanas. Había que viajar a Lima, realizar las siempre complicadas verificaciones técnicas y prepararse para largar su primer Dakar. Más que una aventura.
No estaba nervioso, pero sí ansioso. Hablaba y gesticulaba sin parar, dibujaba proyectos en el aire, los escribía en una servilleta y volvía a pensar en otra idea. “Quiero encontrar gente que sueñe con cosas nuevas, esto se mueve con energía positiva”, decía una y otra vez con entusiasmo.
La escena se repite a poco menos de dos meses de una nueva versión del Dakar, la de 2014, que nace en Rosario, Argentina, el 4 de enero, y finaliza en Valparaíso, el 18 del mismo mes. “Voy a ir rápido, tengo ganas y determinación para ir por más”, avisa mientras responde mensajes en el celular y dibuja una especie de organigrama en una hoja cuadriculada. No para.
“Todavía hay detalles por definir”… advierte como si estuviese guardando las mejores cartas. Luego, como un papá con su hijo, simplemente agrega: “Porque esos son los tiempos, en su momento se presentará el equipo y se darán a conocer los detalles”.
Jeremías estrenará equipo, moto y auspiciadores en el Dakar. Equipo: hoy es parte de la estructura de “1forall”, que en su momento promovió a Chaleco López y que durante muchos años ha trabajado con el español Marc Coma, tres veces ganador del Dakar. Ausciadores: el principal será Mapfre, una de las aseguradoras líder del mercado internacional. Moto… hay que esperar a fin de mes para su anuncio oficial, pero ya la probó, le hizo ajustes. Y va muy bien.
“Después del Dakar de este año recibí un mensaje de Jordi Arilla, director de 1forall, quería reunirse conmigo”, cuenta Jere mientras vacía una segunda botella de agua mineral. “Nos reunimos, les había llamado la atención cómo anduve en el Dakar, a ritmo de top ten los primeros días, querían trabajar conmigo. Ahí se empezaron a abrir muchas opciones”.

-Ser parte de un equipo ya es un gran cambio…
Hay que entender que el primer Dakar lo corrí basado en un esfuerzo local. Una moto comprada en Chile, con el apoyo de Honda Chile, con un kit de estanque más grande y cosas conseguidas a partir de mi esfuerzo y el de Marcelo Verdugo, mi mecánico.

-¿Qué te ofrecieron?
Esta reunión con Arilla nos permitió soñar con una mejor moto y un mejor equipo y con una estructura que nos permita dar un salto. Empezamos a trabajar y se comprometieron a subirme a una buena moto. Paralelamente, se ha realizado un trabajo específico de financiamiento donde los auspiciadores son clave.

-Esa es la gran novedad del este momento: tu vínculo con Mapfre.
Así es, llegamos a un acuerdo con ellos hace pocos días. Es un tremendo apoyo, estoy muy contento y motivado de que hayan creído y apostado por este proyecto.

-¿Qué significa contar con ese apoyo?
La importancia de Mapfre está en que es la empresa aseguradora Nº1. Ya está involucrada con el deporte a nivel mundial auspiciando a Rafael Nadal y con un fuerte equipo en el Moto GP. Para ellos, entonces, el mundo del deporte no es nuevo y ahora apuestan por mí basándose en trabajar a largo plazo, en proyección. Saben los riesgos que existen en mi deporte, por eso mismo se transforman en un soporte y en un apoyo fundamental para llevar adelante un proyecto de esta magnitud.

-Ahora compartes camiseta con Rafa Nadal…
Él es la imagen y el ícono de Mapfre en España y el mundo. Es un referente no sólo para los tenistas, sino para los deportistas en general y para el público a partir de lo que transmite. Acá hay un tema importante de valores al poder ser parte de esta familia que es Mapfre.

HORA DE CORRER
Fue un Dakar zarandeado el de su estreno: corrió al ritmo de los primeros, tuvo un par de caídas que le sirvieron de advertencia, logró llegar a la meta y levantar los brazos en Santiago, su casa. Ahora va por más.

-¿Cuáles son tus certezas hoy, a pocas semanas del Dakar, luego de la experiencia de este año?
Mis fortalezas, certezas o seguridades hoy comienzan en que puedo asegurar que voy a ser rápido. Tengo la determinación de ir por más, tengo un apoyo clave del que acabamos de hablar y tengo la certeza de que voy a dejar todo en el desierto. Después, el resto, se verá en competencia.

-¿Qué harías distinto esta vez?
En el día a día, no mucho. Tuve la suerte de tener apoyo y consejos de varios pilotos, sin haber tenido la experiencia. Obviamente que ahora las cosas serán más ordenadas y con menos dudas. Lo que sí voy agregar en lo cotidiano será ponerle más atención a la hoja de ruta que se prepara cada tarde. Claramente este año no lo pude hacer bien, no sabía hacerlo bien.

-¿Y en carrera?
Ahí sí hay muchas cosas que voy a hacer distinto. Desde comprender y planificar mejor el evento, hasta saber y definir cuándo atacar y cuándo no. Por otra parte, voy a tener más fortaleza a la hora de navegar, que me permitirá ir más sólido y rápido.

-¿La navegación es efectivamente la clave de la carrera?
Es la esencia de un rally raid. Es un factor que con trabajo y experiencia se logra manejar. Afortunadamente lo he podido entrenar desde un principio con Pepe Cornejo, motociclista oriundo de Iquique y referente del desierto en Chile.

-Una carrera en el cuerpo te habrá permitido conocer los códigos de la competencia…
Los códigos del Dakar existen, aprendí algunos y claramente hay otros que conoceré el próximo año. Por ejemplo, los primeros días, corriendo a ritmo de top ten, estuve metido entre pilotos de mucha experiencia, aprendí mucho en ese lugar. Si te pasan, no hay que pasarlos de vuelta… sí, aunque no suene lógico. Iba más rápido, pero fallaba en la navegación y me volvían a pasar.

-Es un deporte individual. ¿Cuál es la relación entre los pilotos?
El motocross es mucho más agresivo y tiene más tensión porque es un deporte de roce: largamos todos juntos y gana el primero que llega a la meta. Ahí hay agresividad de por medio. El Dakar sigue siendo una carrera, pero tiene una diferencia. Puedes no ser amigo de alguien, pero preocúpate de no tener enemigos. Porque finalmente ese piloto puede ser la persona que te de una mano, una herramienta, un repuesto o algo de combustible para salvarte en el medio del desierto. Aquí el concepto de supervivencia sí se vive.

-¿Hay objetivos?
Sí. Ir por más. Ser rápido y sólido. Sé que al mismo tiempo debo ir etapa por etapa. La experiencia jugará de mi lado esta vez.

TUITERO, AGUERRIDO Y EMPRENDEDOR
“Todavía estoy tiritón”, dice Jeremías moviendo los brazos y agitando un vaso de agua. Las sesiones de entrenamiento son intensas en estas semanas previas al Dakar 2014. La jornada comienza en el gimnasio y continúa en distintos cafés reunión tras reunión -una de las paradas del día es esta entrevista en el Hotel Marriott de Santiago-. Lista de pendientes: detalles del nuevo equipo, negociaciones con los auspiciadores, coordinación de logística en el Dakar. “Esto no para…”, suspira.
Israel es su propia pyme. Una muy efectiva, por cierto. Redituable. Lo que comenzó como un proyecto personal, tenía base en su larga trayectoria en el mundo motor.
Se subió por primera vez a una moto a los seis años, a los nueve comenzó a competir en motocross y a los 16 ya corría como amateur en Estados Unidos. Se transformó en profesional a los 18, participando con mucha personalidad durante cuatro años en el AMA -el campeoanto estadounidense-, la NBA del motocross. Antes de iniciar su paso por el Dakar, compitió en enduro (fue quinto en los Six Days de 2007) y en el RallyMobil. En 2012 estrenó el docureallity online “Road to Dakar”, que mostraba la trastienda de su preparación para la carrera.
Exitoso en la pista, fuera de ella es un activo tuitero (@jereisrael), rostro de marcas de vestuario (HH, G-Star, Vans), embajador de la PDI, representante de la ONG Rock the vote (para promover la participación ciudadana) y de la Fundación “Nuestros Hijos”, que ayuda a niños con cáncer.
Esta última experiencia es parte importante de su vida: en 1999 le encontraron un tumor en el tronco del cerebro. “Tenía 18 años, quería seguir compitiendo y no me quise operar”, cuenta.

-¿Por qué no quisiste operarte?
Porque la ubicación del tumor es muy delicada y si me operaban iba a quedar con secuelas permanentes: problemas en la vista, algún problema motriz, desequilibrio. Ni siquiera podían abrirme para realizar una biopsia. Al principio estaba resignado, operarse era la única opción y viajamos a Estados Unidos junto a mis padres pensando en ello. Pero allí un médico nos ofreció una alternativa. Tuve la suerte de poder acceder a un tratamiento con radioterapia que logró reducir y controlar el tumor.

-¿Pero ya no lo tienes?
Todavía está aquí, en mi cabeza -dice mientras se toca con el índice derecho-. Si antes medía tres centímetros, ahora mide poco menos de uno y está controlado. Todos los años me realizo un chequeo. Estoy bien.

-¿Qué aprendiste de esa experiencia? Hubo cosas que ratifiqué. Por ejemplo, pese a tener 18 años me sorprendí reaccionando a partir de una filosofía de vida: prefiero jugármela con la radioterapia que operarme, que significa perder el estilo de vida que tengo. O sea, mejor vivir bien seis meses que el resto de la vida perdiendo la oportunidad de poder hacer lo que me gusta. No sé si ese minuto me hizo aprender algo. Sí creo que la experiencia fortaleció la idea de que estaba dispuesto a tomar decisiones y afrontar las consecuencias. En ese momento yo quería vivir como quería vivir. Por eso hoy día peleo y trabajo todos los días por llevar adelante un deporte como vida, carrera y profesión en un país donde esta actividad no es profesional. Por eso me esfuerzo por darle la importancia y el retorno que se merecen mis auspiciadores y la gente que me apoya.

-Me salto un montón de años y llegamos al Rally de Marruecos, a principios de octubre de este año, la primera carrera que hiciste siendo padre (su hija, Zoe, tiene seis meses). ¿Pensabas en ella y en tu señora mientras competías?
No se puede bloquear lo que uno suele pensar… al menos yo no le he hecho. La verdad, nunca he podido bloquear nada: dolor, alegría, emoción. A lo sumo estás dispuesto a afrontar más dolor, pero no lo puedes bloquear. Una vez alguien me dijo que yo meditaba arriba de la moto… No puedo controlar lo que pienso, aunque sí por momentos me reto: “¡Hey, concéntrate!”. Voy corriendo, concentrado en la navegación, pero al mismo tiempo desarrollo temas, se me cruzan ideas, no lo puedo controlar. Entonces también pienso en Sofía y Zoe. Me pasó.

-¿Eso cambia la manera de enfrentar los desafíos?
Claramente hoy mis metas no son personales, son las metas de una familia. No creo que vaya a poner más precaución en lo que haga, pero sí es una motivación extra para valorar que estoy haciendo lo que me gusta y para esforzarme por hacerlo cada vez mejor.

SI ES ISRAEL, ES BUENO

Los Israel no tienen corazón, sino un motor. Jeremías y sus hermanos, los mellizos Benjamín y Vicente, viven por y para las carreras. Primero en moto, ahora en cuatro ruedas. Siempre disputando los primeros lugares. Este 2013, no fue la excepción. Siempre acelerando al máximo, la familia Israel vivió momentos duros y otros de mucha alegría.
Lo de Jere ya lo comentamos. Su primer Dakar fue muy buen tanto en experiencia como en resultados. Estuvo en el top ten las primeras jornadas hasta que una caída le hizo mirar la carrera desde otra perspectiva: “Fue un llamado de atención”, dijo entonces, en plena competencia, cuando lo entrevistó un periodista de Fox Sports.
Vicente corrió en la categoría N3 del RallyMobil y fue subcampeón chileno de enduro en categoría Súper Experto E2 Benjamín vivió el momento más difícil de su carrera. Compitiendo en el gran premio de Osorno del RallyMobil, el piloto se salió en una curva y atropelló al fotógrafo Andrés Matthey, un destacado profesional y habitual participante de este evento. Benjamín dijo que quería lograr el título de la temporada para dedicárselo a la memoria de Matthey y así lo hizo, ganando la categoría N3 Light en un Honda Civic y obtuvo el título del enduro chileno en la categoría Súper Experto E3. Participó con la selección chilena en los Six Days de Cerdeña, donde fue reconocido con una medalla de plata.

 

 

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