Columna de Katherine Urrutia: Correr y morir

Por Katherine Urrutia

El fallecimiento del actor Paul Walker, uno de los protagonistad de la saga de Rápido y Furioso, me hace pensar en muchos famosos que parten jóvenes, dejando esa sensación de incredulidad, injusticia y otras múltiples emociones.

Al igual que en otros momentos de reflexión, podemos ver lo mal preparado que estamos con el tema de la muerte y no es primera vez que lo analizamos en este espacio. Aún sigo creyendo que no estamos lo suficientemente preparada para estas noticias.

La pregunta es simple ¿Cómo podemos estar preparados para la muerte, si ni siquiera estamos preparados para vivir?

En terapia veo muchas personas que están eternamente improvisando sus vidas, como si pudiera cambiar los puntos que se acumulan en tiendas y supermercados para alargar años. Personas que desperdician tiempo maravilloso en estar continuamente amargados, sin ganas de cambiar para nada o personas que viven en una continúa inmadurez, si hacerse cargo de nada, sin mayor responsabilidad ni de hijos, trabajos, estudios y más.

Es muy difícil en una sociedad pendiente solamente en el presente, proyectarnos o preparar mejor el tema ¿será que dentro de tanta superficialidad nos creemos inmortales?

Es muy cómico, ya que los niños en la etapa pre escolar son tratados con mucho apuro, que maduren pronto, que lean y escriban en kínder, al llegar a 8° tienen que ser hombrecitos o mujercitas y qué decir de 4° medio, ya están listo para rendir pruebas y llegar a la universidad. La mayoría, desde que egresan de las carreras superiores, viven un estado regresivo y su emblema es la famosa frase “a gozar, que el mundo se va a acabar”

Estos “Peter Pan” se niegan a vivir en otro distinto a “nunca jamás” y están en eternas fiestas, buscando todas las celebraciones posibles, arrastrados por la música segadora de las hadas infantiles.

Si son padres, son los amigos de sus hijos y en muchos casos les cuentan sus problemas esperando el mejor consejo, ya que, para las mentes infantiles de estos nuevos padres, sus hijos son considerados de igual a igual.

Como decía anteriormente, si viviéramos los procesos como corresponden, quizás la muerte repentina no nos sorprenda tanto como lo hace actualmente, porque vivir dejaría de ser esa simple improvisación como lo es hoy.

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